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Autor: xavillamazares
Mil millones de naufragios
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Javier Menéndez Llamazares | 23-05-2015 | 1:10| 1

A uno se le escapan muchas cosas por la boca durante un partido de su equipo, sí, pero últimamente los racinguistas parecemos la versión futbolera del Capitán Haddock, aquel inolvidable personaje de Hergé que se pasaba la vida maldiciendo, aunque lo hiciera con términos para todos los públicos. Pero el torrente de lamentos, maldiciones, tacos e imprecaciones los aficionados sólo era comparable a la tremenda cara de circunstancias que se nos quedó a todos en los Campos de Sport el jueves, mientras veíamos cómo el Betis daba la vuelta a un partido encarrilado, y nos endosaba una lluvia de goles, a pesar de que el Racing estaba jugando mejor y, sobre todo, mereciendo más que los visitantes.

Mil millones de naufragios, rayos y truenos y todo lo que se nos ocurra maldecir es poco, porque por mucho que sepamos que el fútbol es un deporte injusto, era ya la segunda vez en una semana en la que la realidad acababa haciendo añicos el cuento de la lechera del racinguismo. Y es que es difícil no lanzar las campanas al vuelo cuando ves a tu equipo arrinconar al líder, y hasta adelantarse en el marcador, desplegando el mejor juego de la temporada y demostrando que sí había otra forma de hacer las cosas. El equipo de Munitis y Colsa por fin funcionaba, y además de forma espectacular. Al menos, en ataque, y siempre que no tuviéramos en cuenta que lo importante no es crear muchas ocasiones, sino convertirlas.

Porque la noche era propicia; el ambiente, pese a no llegar a media entrada, inmejorable, con la grada animando como una caldera a punto de entrar en ebullición y el equipo poniendo en duda las matemáticas que aseguraban entre los dos contendientes, más que una treintena de puntos, mediaba todo un mundo. Y a punto estuvimos de ponerlo patas arriba, cuando Mamadou Sylla volvió a justificar su fichaje con un remate inverosímil que acabó en las mallas. Durante tres minutos casi enteros nos vimos salvados, bailoteando al son de esa canción que suena ahora en las no muy habituales ocasiones en que el Racing marca un gol. Qué grande fue el Racing durante esos tres minutos, los minutos de la fantasía, en los que las calculadoras mentales empezaron a funcionar a toda velocidad: «¿a cuánto está el Osasuna?» o «¿Llegaríamos a alcanzar al Tenerife?». Esos pensamientos cruzaban por muchas cabezas entonces, cuando estábamos virtualmente salvados.

Lástima, eso sí, que no fuera el rival adecuado. Porque todo lo ocurrido entraba dentro del guión. ¿Acaso esperábamos derrotar a un Betis que ya está prácticamente en primera, o a un Sporting cuyos jugadores parecían velocistas en comparación con los nuestros? Las últimas dos derrotas entran dentro de la lógica del fútbol, la que dice que el mejor tiene todas las papeletas para ganar. Otra cosa es que esto no sea una ciencia exacta, y que a veces la entrega y la inspiración pueda suplir cualquier otra carencia. Aunque hay quien prefiere creer en dinámicas, en la suerte, o en el mal fario de tener en tribuna –cosas de la campaña electoral– a los candidatos a la alcaldía de la ciudad.

En fin, que nuestro momento no era contra el Betis o en El Molinón, sino en Soria, contra la Ponferradina el próximo domingo o en el desenlace en Albacete. Esa sí que será la hora de la verdad. Y viendo cómo atacaba el Racing el jueves, el estado de gracia de David Concha, la conexión entre Quique y Sylla, el empuje renovado de Iñaki y, sobre todo, el impulso imparable de los hermanos San Emeterio, resulta más que evidente que el Racing va a conseguir salvar la categoría.

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Entre la rivalidad y la simpatía
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Javier Menéndez Llamazares | 18-05-2015 | 11:07| 1

Camino de Gijón, la A-8 ya no se desvía hasta Llanes. Y es que durante la última década, lo que antaño había sido feroz rivalidad se había convertido en una balsa de aceite, con tanto hermanamiento y tanta devolución de favores que más que un derbi norteño parecía ya un acuerdo de no agresión, el tan sobado ‘Pacto de Llanes’ que tantos ríos de tinta hizo correr hacia el Cantábrico.

Pero nada es para siempre, y al final aquella obra que parecía interminable terminó como suelen terminar estas cosas, con cintas y fotógrafos y un político detrás de unas tijeras dando por inaugurada una red viaria que convertirá La Franca, San Roque e incluso Llanes en simples nombres apuntados en un cartel, divisados a toda velocidad en la autopista, sin llegar siquiera a ser lugares de paso.

Claro que, por mucho que aquel presunto ‘pacto’ esté cada vez más lejos, lo que no ha desaparecido en modo alguno es la corriente de simpatía que une a verdiblancos y esportinguistas, a racinguistas y rojiblancos, que parece que por fin han superado viejas rencillas centenarias. Obra y gracia, por supuesto, de Manolo Preciado, cuya estatua al pie del Molinón parece la meca del racinguismo; seguro que pronto aparecerá en las guías turísticas como uno de los puntos de Asturias donde más fotografías se toman los visitantes, junto a la estatua de Woody Allen en Oviedo. Claro que allí nadie lleva esos sentidos ramos de flores con los que El Astillero recuerda a su hijo perdido.

En cualquier caso, el milagro del hermanamiento entre aficiones está más vivo que nunca, y pudimos comprobarlo el sábado, con un fenómeno que muy pocas veces se produce: tras un encuentro tan disputado y con tanto en juego, los visitantes deseaban a los locales el ascenso –este año sí– a primera, y los gijoneses consolaban a los cántabros con un «vais a salvaros, seguro» que, aunque no sume puntos en la tabla, sí al menos serviría para endulzar un poco el amargo camino de vuelta.

Pero, ¿y si hubiera sido al revés? ¿Y si hubiera ganado el Racing? No sabemos si, de haber ganado, nuestros vecinos habrían resultado tan simpáticos, o si alguno de los nuestros se habría alegrado de alejar del ascenso a un enemigo eterno. Lo que sí sabemos es que, durante unos brevísimos cinco minutos, la victoria fue nuestra. Y también a principios de la segunda parte, mientras Concha y Álvaro galopaban una y otra vez hacia Cuéllar, los más optimistas llegamos a pensar que podríamos llevarnos el partido, a poco que acertásemos en una contra.

Es cierto que el Sporting en la tabla se muestra inalcanzable, y que sobre el césped sus jugadores parecía velocistas, con una superioridad física por momentos insultante. Que con su salida en tromba al comienzo del partido amenazaban con pasarnos por encima. Pero luego, a la hora de la verdad, la pizarra de Munitis funcionó razonablemente bien –quién iba a sospechar que un Samuel hipermotivado iba a abarcar tanto campo, destruyendo en el borde de su área y luego presionando al portero en la rival–; tanto, que los goles rojiblancos habría que repartirlos a medias, porque difícilmente va a recibir nunca Guerrero otra asistencia como la que le regaló Mario con su errático despeje de puños, ni encontrará Bernardo tantas facilidades para empujar un saque de banda desde el área chica como le dieron el sábado sus antiguos compañeros de vestuario.

En fin, no pudo ser, y de poco sirve seguir lamentándose. Lo que sí nos valdría aprender de Gijón es la enorme fuerza que irradia un estadio abarrotado. Ojalá el jueves estuviera así El Sardinero.

 

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Espejismos electorales
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Javier Menéndez Llamazares | 17-05-2015 | 7:47| 1

Qué hermosa es la vida cuando se acercan las elecciones. Se han dado cuenta, ¿verdad? Si casi se diría que viviéramos en un anuncio, donde todo es perfecto y hasta los colores brillan más. Como en mi calle, que hace apenas quince días parecía un barrio vulgar del extrarradio, de esos que se despachan con quince bombillas en navidades, y ahora sin embargo deslumbra en cada esquina, con sus pasos de cebra rematados en rojo pasión y blanco nuclear, y los aparcamientos de minusválido en un azul piscina que da ganas de irse allí de vacaciones y todo. Vamos, que desde que se deshinchó la burbuja inmobiliaria no había visto esta zona tanto trajín de brochas y monos de trabajo.

El milagro, que no podía ser otra cosa, del repintado callejero, se reproduce sin embargo en cada municipio de esta España en capilla, a la espera de resolverse quién ocupa las poltronas vacantes; en los pueblos con posibles, las cuadrillas de operarios emplean su contrato eventual en desbrozar caminos, y adecentar lo poco que la plaga de plumeros ha dejado visible de nuestra flora, antaño autóctona y hoy dejada de la mano de los políticos durante toda una larga legislatura. Sólo ahora, cuando se acerca el temido momento de pasar por las urnas, llegan las prisas y las ganas de maquillar las malas hierbas, que tanto y tan descontroladamente han crecido en los cuatro últimos años.

Pero llega la campaña electoral y esto parece la primera de Vivaldi, con pájaros en la ramas y flores en la economía. Hasta se terminan obras faraónicas que parecían imposibles de rematar, que acaban resultado extraordinarios fondos para esas fotos llenas de corbatas que lo mismo reconstruyen hospitales –más vale tarde, sí pero qué feliz coincidencia la finalización de las obras de Valdecilla…– que inauguran autovías sin peaje –bueno, eso en Asturias, porque entre Solares y Torrelavega debe de existir un agujero negro imposible de rellenar con asfalto–.

En realidad, todo sigue fatal, igual de mal que siempre, claro; pero al menos han llegado estas semanas de respiro, en las que los parados sin futuro tienen como consuelo la oportunidad de recordar buenos tiempos, y experimentar de nuevo qué era aquello de disfrutar de un puesto de trabajo, y cobrar un salario más o menos digno.

Sabemos que es sólo es pan para hoy, cierto, pero qué vamos a hacerle, si todo es parte de ese eterno juego en el que unos prometen y otros se dejan engatusar, como si no quisieran saber que sólo es un camelo. Eso sí, al menos podrían tener la deferencia de convocar elecciones todos los años, que no hay quien aguante la insoportable angustia vital de nuestra existencia tan vacía entre campaña y campaña.

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Cuando todo sale bien
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Javier Menéndez Llamazares | 13-05-2015 | 9:51| 1

No sabemos qué sería, cómo dio finalmente Munitis con la tecla, pero por fin el Racing dejó de sonar desafinado y, más que dar la serenata, entonó un allegro vivace que le hizo firmar uno de los mejores partidos de la temporada, al menos en cuanto a entrega y actitud.

El caso es que, ya desde los prolegómenos, se intuía que aquella era una tarde perfecta para el racinguismo. Y es que ver media entrada en Los Campos de Sport es ya un triunfo, casi medio gol. Que además los chiquillos vuelvan a querer sacarse fotos con el equipo, más que buen augurio, es síntoma de que renace la expectación y el cariño por el club. Y si desde el primer pitido los verdiblancos se abalanzan sobre el adversario, lo enciman y lo arrinconan como si les fuera la vida en ello, entonces sólo puede llegar el delirio.

Así fue cada ataque, cada recorte, cada robo de balón de los nuestros, que era jaleado por la grada, ávida de victoria. Nada más ver avanzar a Álvaro e Iñaki por la banda izquierda, y sentir la celebración atronadora del primer córner ganado, se hizo evidente que ese Racing era otro Racing, y que el partido tenía ya dueño. Más que nervios, se mascaba el ansia de una afición entregada a sus jugadores, presa de una fe ciega e inquebrantable en que su equipo es indestructible.

No fue, claro, un partido para estilistas; había, sí, una superioridad incontestable de los verdiblancos, que no se parecían en nada al equipo que tan tristemente pasó por Alcorcón el pasado fin de semana. Nada de eso. El Racing se sacudió todos los complejos y logró invertir los papeles, hasta hacer que el Tenerife pareciera a su lado un equipo triste y sin alma.

Y es que cuando salen bien las cosas, se diría que producen un efecto contagioso; cuando por fin Munitis se convenció de que poco importan las apariencias, y aunque den peor en la foto, su pareja de centrales tiene que ser Orfila y Juanpe, se acabó el hacer aguas en el centro de la defensa. La seguridad da alas, y durante toda la segunda parte, ya con el marcador a favor, fue espectacular ver la entrega de todos los jugadores, luchando cada balón como si fuera el último. Luego las cosas podrán salir mejor o peor, pero cuando un equipo lucha de ese modo no queda otra que rendirse a ellos, como hizo la afición con sus héroes, que esta vez sí pudieron ofrecerles algo que celebrar.

¿Qué más cambió, qué obró el milagro? Seguramente los técnicos podrán sacar la pizarra y explicarlo con detalle, pero lo cierto es que cuando se combina la dupla de Fede y Borja con David Concha, el Racing tiene otro espíritu. El domingo, incluso se diría que se había imbuido del espíritu de su entrenador. Como si hubiera once Munitis sobre el campo, los nuestros por fin consiguieron sumarse a esa fiesta del racinguismo que ya sólo necesita la salvación para cerrar un ciclo y abrirse a la esperanza.

El derroche y el acierto fueron de todos, pero no está de más ser justos y dar

al César lo que es del César: Andreu, esta vez sí, salió ovacionado. Habría que realizar un enorme ejercicio memorístico para recordar si esto había sucedido ya antes, lo de que desde la Gradona se corease su nombre, pero al fin llegó ese gran partido que el asturiano necesitaba para borrar esa fama de eterno pasador hacia atrás que le acompaña desde el último descenso. Ojalá se haga costumbre.

 

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El supermán de Los Corrales
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Javier Menéndez Llamazares | 10-05-2015 | 12:58| 1

Si alguien puede ejemplificar aquello de morir de éxito, ése es el supermán de Los Corrales. Y es que el éxito hoy en día ya no se mide en monedas, sino en retuiteos, en ‘me gusta’ del Facebook y, sobre todo, en visionados del youtube. La fama, la que mola de verdad, debe de ser ahora una cuestión biológica, porque todo consiste en que, hagas lo que hagas, se viralice, y se extienda cual gripe hasta llegar a toda la población, pasando de móvil a móvil hasta convertirse en el tema de moda durante un par días gloriosos, nada de los quince minutos que preconizaba el rácano de Warhol.

Y esta semana, ni Rubius ni Wismichu ni Nacho Vidal en Supervivientes: el que ha partido la pana ha sido ese bombero al que se le ocurrió amenizar el viaje por la A-67 convirtiéndose en un superhéroe que llega volando hasta un coche lanzado a toda velocidad y, poniéndose a su altura, golpea la ventanilla para preguntar por dónde se va a Los Corrales. Todo, claro, sin dobles y por fuera del coche. Una gansada, sí, pero de lo más cachonda.

La gracieta ha corrido como la pólvora, y después de colonizar todas la pantallas regionales, acabó saltando a la prensa nacional, lo que seguramente no estaba en los planes del improvisado Clark Kent, que más bien estaría pensando en divertir con su vacilada a los compañeros del curro, y si acaso a los cuatro amigos que siempre están dispuestos a partirse la caja.

El asunto del éxito, como el del humor, es sin embargo imprevisible. Vídeos como ese habrá muchos, pero a éste le sonó la flauta y cayó en gracia, arrasando en las redes sociales.

La lástima es que de todo hay en el mundo; para empezar, hay normas de circulación, por ejemplo. Y un montón de leyes que obedecer. Y, aún peor, existe gente empeñada en que se cumplan, y en perseguir a quien se las salte. Así que mucho me temo que el bombero va a salir más bien quemado de toda esta historia, porque tiene pinta de que el castigo será proporcional al ruido que ha hecho. Lo que se dice morir de éxito, vamos.

Que no es que no tengan razón, claro… ¿A quién se le ocurre hacer esa locura a cara descubierta, y encima gratis? El pobre bombero tampoco es que hiciera daño a nadie, pero es verdad que cometió una imprudencia, y que no se deben permitir ciertas cosas. Eso sí, ¿quién de los que vimos el Gran Héroe Americano no ha soñado con encontrarse el traje de Ralf Hinckley?

Así que esperemos que, como mucho, al superhéroe le quiten un par de puntos por exceso de velocidad o, si acaso, le restrinjan la licencia de vuelo, pero que no se pongan demasiado estrictos porque –unas cosas por otras– la publicidad que le ha hecho a Los Corrales no van a poder pagársela.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es