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Teresa Cobo

La Engaña

La ruta imposible entre Sarón y Boo

Boca sur del túnel de Obregón, utilizado hoy como pesebre para el ganado. T. COBO

Cayón, Obregón y Guarnizo ofrecen vestigios del ferrocarril Santander-Mediterráneo, pero apenas quedan tramos transitables

La entrada principal al Parque de la Naturaleza de Cabárceno es un pequeño túnel oblicuo sobre el que debía pasar el tren

Las huellas que dejó el ferrocarril Santander-Mediterráneo en Cantabria, nítidas hasta Yera, se desdibujan a medida que nos aproximamos a la capital. Seguir sobre el terreno la traza de la explanación para la vía, en los tramos en los que se abrió, es un propósito imposible. La naturaleza y el hombre han borrado la línea allá donde han podido. Hay que conformarse con encontrar vestigios de la fallida obra. La estación de Boo de Guarnizo, un puente en La Paul de Cayón, el túnel de Obregón y dos pequeños túneles en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno son los testimonios más visibles del paso del trazado ferroviario más allá de Yera.

Los 366,5 kilómetros de vía del Santander-Mediterráneo que discurrían entre Calatayud (Zaragoza) y Dosante (Burgos) se construyeron entre 1925 y 1930 y estuvieron abiertos al tráfico de mercancías y de pasajeros entre 1930 y 1984. La línea encalló en Cidad/Dosante, dada la indefinición sobre el trazado más adecuado para atravesar la Cordillera Cantábrica. La solución por La Engaña se aprobó el 20 de noviembre  de 1935, pero la Guerra Civil detuvo el proyecto, que no se retomó hasta 1941, año en que se constituyó Renfe y se nacionalizaron las compañías ferroviarias.

Para llevar el Santander-Mediterráneo hasta Santander, faltaban por construir 63 kilómetros de vía hasta Boo de Guarnizo, ya que en ese punto el tren enlazaría con el de la línea Venta de Baños-Santander, también de ancho normal, que llegaba a la capital cántabra desde Palencia por Alar del Rey. Los 63 kilómetros pendientes se dividieron en diez tramos, de los cuales se ejecutaron seis y quedaron sin contratar cuatro (cuarto, quinto, sexto y séptimo) comprendidos entre Yera y Vega de Carriedo, de una extensión total de 28 kilómetros.

Senderistas, en la boca norte del túnel de la Engaña, en Yera, este otoño. T. C.

La entrada en Cantabria

Los seis tramos en los que sí se ejecutaron obras fueron el primero, segundo y tercero, que sumaban 17,8 kilómetros entre Santelices (muy cerca de Dosante) y Yera (Vega de Pas); el octavo, entre Susvilla-Vega de Carriedo y Sarón, de 7,8 kilómetros; el noveno, entre Sarón y Liaño, de 6,3 kilómetros; y el décimo, entre Liaño y Boo, de 3,7 kilómetros. De los 63 kilómetros por construir, 13 atravesaban territorio burgalés y 50, territorio cántabro. La entrada del Santander-Mediterráneo en Cantabria tenía lugar dentro del túnel de la Engaña. Sólo el último kilómetro pertenece a la región.

Los tres trechos entre Santelices y Yera se completaron entre 1941 y 1961, sólo a falta de tender la vía. Ese ramal incluye las siguientes obras: el viaducto de Santelices (159 metros de longitud), la estación de Pedrosa de Valdeporres, la estación de La Engaña, el túnel de La Engaña (6.976 metros), los túneles de El Majoral (285 metros), El Empeñadiro (130 m), El Morro (263 m) y El Morrito (43 m) y la estación de Yera, además de varios taludes y puentes. La caja de la vía se conserva perfectamente y es posible recorrerla sin otra interrupción que la del túnel de La Engaña, sólo transitable a pie y con enorme riesgo, por los derrumbes que ha sufrido y los desprendimientos que aún se producen. Los otros túneles cortos, todos en Yera, se pueden cruzar sin dificultad. En el lado burgalés, la traza se ha habilitado como vía verde y el edificio de la estación de Valdeporres ha sido remozado para su uso por el Grupo Espeleológico Merindades.

La explanación del Santander-Mediterráneo muere en Yera al pie de la montaña en la que debía abrirse el túnel de Peñagafa. T. C.

El recorrido cántabro del Santander-Mediterráneo arranca, pues, a la salida del túnel de La Engaña. Desde la boca norte hasta la estación de Yera hay tres kilómetros que atraviesan un precioso paisaje pasiego. El camino está en condiciones aceptables, aunque las zarzas y el barro tienden a invadir el último kilómetro. El ayuntamiento de Vega de Pas limpia de vez en cuando, pero no tiene competencias para actuar sobre unos terrenos que ahora mismo son propiedad de Adif. Desde la estación, sustentada sobre la ladera por un muro de contención de 32 arcos, es posible avanzar medio kilómetro más por la caja de la vía, aunque este trozo está totalmente descuidado y el paso es difícil. Sin embargo, merece la pena ver cómo muere la explanación al pie  de la pared montañosa del Aján, donde estaba proyectado abrir la boca sur del túnel de Peñagafa.

Lo que se quedó en el papel

Entre Yera y Sarón quedaron sin construir 26 túneles, el primero el de Peñagafa (962 metros de largo) y el último, en Santa María de Cayón, el de Totero (549 metros); cuatro estaciones: la de Vega de Pas (a 10,4 kilómetros de la de Yera), la de Villacarriedo, la de Vega de Carriedo y la de Sarón, y un apeadero en Selaya, a mitad de camino entre Vega de Pas y Villacarriedo. De la cadena de túneles sin abrir, el más largo medía 2.093 metros y el más corto, 40 metros. El trazado del Santander-Mediterráneo se interrumpe en Yera, por tanto, y ya no es posible retomarlo hasta cerca de Sarón.

Puente del Santander-Mediterráneo en La Paul de Cayón. T. C.

Nunca se contrataron los tramos comprendidos en los 28 kilómetros hasta Vega de Carriedo-Susvilla (cuarto, quinto, sexto y séptimo). El tramo entre Susvilla y Sarón (octavo), de 7,8 kilómetros, sí se adjudicó a Ingeniería y Construcciones Marcor SA el 29 de septiembre de 1941, pero hoy apenas es posible hallar indicios de la traza, invadida por bosques, fincas y maleza. Incluía el túnel de Totero (549 metros), que nunca se acometió.  Ya no hay nada, salvo el puente sobre la carretera de La Abadilla de Cayón a Arenal de Penagos, que sigue en pie en el barrio de La Paul de Cayón. Otro muy similar construido sobre la carretera de Cayón a Lloreda fue demolido.

Antiguo campo de fútbol del Cayón, donde iba a construirse la estación de Sarón. T. C.

La estación de Sarón estaba proyectada junto al antiguo campo de fútbol del Club Deportivo Cayón, que se aprovechó para explanar el terreno. Hoy es un auténtico bardal invadido por plumeros y por cientos de botellas, latas y plásticos dejados allí por quienes practican botellón en el destartalado graderío desde el que se apludía al equipo local.

Pasadizo oculto en Obregón

El 18 de junio de 1943, el Gobierno autorizó al Ministerio de Obras Públicas a ejecutar el tramo noveno, entre Sarón y Liaño, que se completó al cien por cien y al que sí es posible seguirle la pista sobre el terreno en la actualidad. A este trecho pertenece el túnel de Obregón (267 metros), que terminó de construirse en 1953. El túnel está muy escondido y embutido entre fincas privadas. Las alambradas instaladas por los ganaderos cortan el acceso por ambas bocas y, cuando llueve, el abundante barro se convierte en un obstáculo más. La galería ferroviaria se conserva en muy buen estado, pero en estos momentos se utiliza como pesebre de vacas limusinas a las que se sirve dentro el forraje para preservarlo de la lluvia. Barro, boñigas y paja se acumulan bajo la bóveda.

Para llegar al túnel de Obregón hay que adentrarse en el pueblo que le da nombre. La boca norte sólo se puede alcanzar si está abierta la pequeña verja de una finca particular situada entre dos casas y después de subir hasta la antigua explanación por terrenos dedicados a la cría de perros de caza. Complicado, pero casi peor es intentarlo por la boca sur. Hay que seguir hasta el final del pueblo, pasar bajo el puente del antiguo ferrocarril Astillero-Ontaneda sobre el camino a La Graciosa y continuar por la izquierda hasta llegar al carril bici asfaltado sobre el antiguo ferrocarril de vía estrecha que se desmanteló. A la izquierda de la senda para ciclistas, hay que apañarse para subir hacia el túnel de Obregón por fincas ganaderas privadas. Una esquina del frontal de la entrada sur, construido en piedra de sillería, ayuda a localizar la camuflada entrada.

Nuevas alambradas colocadas este año impiden acceder al túnel, por el que asoma un hermoso rebaño de vacas rojizas, como las que pastan también en fincas aledañas. Sólo si se está dispuesto a pasar entre alambres de espino, sortear reses y mancharse de barro y otras blanduras pringosas hasta las pantorrillas, se puede cruzar al otro lado y salir por la boca norte. Muy poco apetecible, pero es la única forma de recuperar, a efectos testimoniales, la antigua traza del Santander-Mediterráneo en Cantabria después del conocido trayecto de Yera.

Antigua traza del Santander-Mediterraneo a su paso por Obregón. T. C.

El trecho transitable de la caja de la vía en Obregón mide poco más de un kilómetro en dirección a Cabárceno, pero el paisaje kárstico tiene la misma belleza que el del parque de la naturaleza, con agujas de roca cubiertas de plantas trepadoras. Una muralla de helechos, zarzas y alambre impide seguir más allá. Retrocedemos y bajamos al pueblo por fincas escalonadas por las que corretean pacíficos perros de caza. Por suerte, la cancela está abierta. Para retomar la difuminada estela del Santander-Mediterráneo hay que trasladarse a la entrada oeste del Parque de la Naturaleza de Cabárceno, por Obregón.

Entrada principal al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, bajo un túnel del SM, en Obregón. T. C.

Singular entrada a Cabárceno

Al parque se accede, precisamente, por un túnel oblicuo de veinte metros de longitud bajo la traza del ferrocarril. El largo talud de doble caída por el que debía discurrir el tren en esta zona funciona hoy como un muro de tierra que cierra el perímetro del recinto zoológico. Es posible seguir con la vista el trazado en altura de la caja de la vía, a derecha e izquierda, aunque no es accesible, porque se ha propiciado su invasión por la naturaleza para mayor eficacia de su actual uso como barrera. Por poder, se puede subir a la antigua explanación por la zona ajardinada que hay a la derecha de la entrada al parque, desde el interior, y pasar por encima de la bóveda del puente, pero la parte de arriba ha devenido en un andurrial lleno de zarzas y hierbajos por el que se progresa a duras penas.

Hacia la izquierda hay otro estrecho túnel igual de largo que el de la entrada, que ha sido cerrado con una valla por la boca que está dentro de Cabárceno y tapiado en su parte exterior. Si avanzamos por el interior del parque junto al talud del ferrocarril, al fondo encontramos los restos de los antiguos cargaderos de la mina de hierro a cielo abierto que se explotó hasta 1989.

Por fuera de Cabárceno, en esa misma dirección hacia Villanueva, comprobaremos que el Santander-Mediterráneo discurría por aquí en paralelo al ferrocarril Astillero-Ontaneda, que cubría un itinerario de 35 kilómetros y hoy se ha convertido en carril bici (Vía Verde de Villaescusa y Vía Verde del Pas).  Ambas líneas confluían en ese punto con una tercera, la del ferrocarril minero o de Orconera (8,4 kilómetros entre Obregón y Astillero), transformada  ahora en senda. En este paraje sembrado de caminos se pierde la huella del Santander-Mediterráneo en el tramo Sarón-Liaño, invadido por fincas y por la maleza. Sin embargo, entre Obregón y La Concha, aún es posible recuperar la vieja traza a intervalos, con trechos que se pueden recorrer.

Tramo de la traza del Santander-Mediterráneo entre Obregón y La Concha, paralelo a los de las otras dos antiguas vías (la del ferrocarril Astillero-Ontaneda y la del tren de la Orconera). T. COBO

La Vía Verde de Villaescusa arranca en Obregón, a la izquierda de la entrada al Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Enseguida se bifurca: a la derecha sigue el trazado del antiguo ferrocarril Ontaneda-Astillero, habilitado como carril bici, y a la izquierda toma la antigua vía del tren minero de Orconera, transformada en camino para peatones. Las tres antiguas explanaciones ferroviarias discurren paralelas, pero escalonadas en diferentes niveles del terreno. A la izquierda y por abajo, la línea del tren minero de Orconera. Por el centro y a media altura, la traza del ferrocarril de Ontaneda a Astillero y, a la derecha, por arriba, más metida en el monte, la intermitente caja de la vía del Santander-Mediterráneo, desdibujada en unos tramos e interrumpida en otros.

Vía Verde de Villaescusa. A la izquierda, rampa del antiguo Astillero-Ontaneda, que cruzaba sobre un puente desaparecido en ese punto. El Santander-Mediterráneo discurría por la derecha, en altura. En las imágenes de arriba, el trazado del tren de Orconera (izquierda) y el del Astillero-Ontaneda  (derecha). T. C.

Doble abandono de la estación

En el último de los diez tramos inconclusos, el de Liaño-Boo, se acometieron obras aisladas. Ya no hay señas reconocibles del Santander-Mediterráneo hasta Boo de Guarnizo, donde se construyó el edificio de pasajeros de la estación, a escasos metros de la vía del ferrocarril Venta de Baños-Santander, con el que avanzaba en paralelo en ese trecho y con el que debía empalmar en esta localidad, 802 metros más allá, hasta la capital cántabra, en doble vía.

El edificio de la estación de Boo, similar a los de Valdeporres, La Engaña y Yera, permaneció cerrado y abandonado hasta que, en 1990, el Ayuntamiento de Astillero puso en marcha una Escuela Taller que se encargó de restaurarlo para que albergara cursos, talleres y otras actividades municipales. En 1996, la Agencia de Desarrollo Local se instaló en el inmueble que el Ayuntamiento tenía alquilado a Renfe, pero este servicio se trasladó al Centro Integral de Formación de la calle Industria en 2007 y, desde ese año, la antigua estación de la calle Mediterráneo quedó de nuevo desamparada. Cristales rotos, verjas oxidadas, suciedad y pintadas afean una construcción cuya propiedad fue revertida, previo acuerdo económico, a los particulares a los que se expropiaron los terrenos para construir la estación.

Parte trasera de la antigua estación de Boo, en la calle Mediterráneo. T. C.
Fachada del edificio de la estación de Boo que daba a la vía. T. C.

Agradecimientos:

A Miguel Otí, por su labor de guía en Cayón y Sarón.

A Gema Martínez, por recabar información sobre la estación de Boo.

Fuentes consultadas:

‘El Ferrocarril Santander-Mediterráneo paso a paso’, de 21aToPe, en EuroFerroviarios.

‘El ferrocarril de Santander al Mediterráneo, historia de un fracaso’, de Juanjo Olaizola Elordi y Francisco de los Cobos Arteaga, en la Revista de Historia Ferroviaria.

‘Ferrocarril Santander-Mediterráneo, listado de estaciones y apeaderos’, de la Asociación Burgalesa de Amigos del Ferrocarril (Abuaf).

Temas

'Santander-Mediterráneo', Boo, Cabárceno, Engaña, ferrocarril, Obregón, puente, ruta, Sarón, tramos, traza, túnel

La construcción del túnel de La Engaña fue una gesta baldía que se cobró muchas vidas. En este espacio se recoge la historia del Santander-Mediterráneo y, en especial, la de ese tramo que nunca llegó a funcionar. Y se proponen rutas senderistas por el impactante paisaje que atraviesa la vía fantasma

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