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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Sobre las cenizas del silencio

Un lugar tranquilo

A Quiet Place 2018 95 min. EE UU.
Dirección: John Krasinski. Guion: Scott Beck, Bryan Woods, John Krasinski.
Música: Marco Beltrami. Fotografía: Charlotte Bruus Christensen.
Reparto: Emily Blunt,  John Krasinski,  Millicent Simmonds,  Noah Jupe,  Cade Woodward, Leon Russom, Doris McCarthy.
Género: Terror. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Una película que, en tiempos de ruido constante y superfluo, reivindica el silencio como factor de supervivencia ya es un monumento. Si a ello sumamos su dominio narrativo, su potencia visual y ese pulso tan necesario como eficaz, puede decirse que estamos ante una de las grandes sorpresas de la temporada. ‘Un lugar tranquilo’ no sólo es una historia atractiva sino que impone un sentido de la mirada, explota la intensidad de los sentidos, fluye sin ceder ante los estereotipos y, a excepción de algunos momentos de endeble perfil psicológico, es de esos cada vez más raros casos en los que se trata al espectador con respeto. El artífice de esta burbuja, con tintes de parábola, pero sin pretenciosidad, y atmósfera apocalíptica, es John Krasinski, actor, director y coguionista sobre el que habrá que situar el foco en los próximos años. Tras dos curiosidades nada desdeñables, ‘Entrevistas breves con hombres repulsivos’ y ‘Los Hollar’, llega esta joyita en la que triunfa el desasosiego, los miedos más primarios, la ansiedad y una llamada de solidaridad frente a lo que acecha como una sombra continua de muerte. Krasinski, a excepción de su limitado trabajo como actor, contrarrestado por una magnífica Emily Blunt, planifica con rigor, maneja con destreza las situaciones límite y siempre subordina lo evidente de tal modo que aquello que discurre de manera sumergida, en sombra o entre presagios y elipsis, es lo más importante. El relato evita la grasa de los datos y opta por las pistas y por la especulación entre titulares de viejos periódicos y deducciones que el espectador puede realizar a través del comportamiento de esta familia de supervivientes. El terror es un estado, una geografía en sí mismo, y así lo entiende el cineasta que elude detener la acción para explicar lo obvio, nunca renuncia al suspense y se recrea en el duelo, el dolor y la redención y la culpa sin amarillismos ni gore gratuito. Secuencias como la del parto, la del silo o la de la niña y la criatura entre los maizales y sus caminos de ceniza constituyen una serena y madura caligrafía emocional. Además, estamos ante una partitura en la que se conjugan con sabio equilibrio la banda sonora y el diálogo entre silencios y efectos de sonido. Es un filme que juega con la ansiedad, que estremece y que obliga a mantener la boca cerrada y eso, que es sagrado en un cine, cada vez es más difícil de conseguir en las salas. Claustrofóbica y angustiosa, sin caer en la caricatura o la hipérbole, rebosa talento y mata las dudas callando. Un ejercicio de estilo, sí, pero también uno de los escasos ejemplos respetuosos con el terror como ecosistema de nuestras debilidades y grandezas.

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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