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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Cómo hackear el corazón

Ready player one
2018 140 min.EE UU Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Ernest Cline, Zak Penn (Novela: Ernest Cline).
Música: Alan Silvestri. Fotografía: Janusz Kaminski.
Reparto: Tye Sheridan,  Olivia Cooke,  Ben Mendelsohn,  Mark Rylance,  Simon Pegg, T.J. Miller,  Hannah John-Kamen,  Win Morisaki,  Philip Zhao,  Julia Nickson, Kae Alexander.
Género: Ciencia ficción. | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Todo en esta película vibrante, elogio del entretenimiento, pulsión lúdico futurista, es un juego. Del acceso al game over, de los lenguajes solapados a la superación de pruebas, del miedo a perder a la locura competitiva. Y en este campo minado el cineasta mezcla, con una planificación extrema, devociones, querencias, guiños, homenajes, lecturas, iconos, gustos, miedos, voces… ‘Ready player one’ es una deuda de infancia y adolescencia del Steven Spielberg que cruza sin pasaporte las fronteras entre el niño y el adulto. Es también un juego distópico con advertencia en sus instrucciones para evitar que realidad y virtualidad no se fundan y confundan en material indefinido y sean ambas equilibradas por la materia de los sueños. Con un arranque deslumbrante y autoridad y contundencia a la hora de describir y narrar dos mundos solapados, engarzados y en permanente colisión, el último Spielberg (que custodia y desnuda el ADN del cineasta de siempre) es un prodigio visual, cazador de subtextos e historias pequeñas que van alimentando la computadora central del espectador/jugador/voyeur/persona real y avatar. El director de ‘Tiburón’ accede al espectador para hackear recuerdos y opera a corazón abierto sin más anestesia que la nostalgia, con la cirugía capaz de generar imágenes hasta la desmesura y con una intensa y permanente invitación a integrarse en lo narrado en una continua imitación a la vida. El preludio ambientado en esa periferia caótica de 2045, no muy diferente de algunas megaurbes de este inicio de milenio; la primera carrera de vehículos; las transiciones y alternativas entre el mundo real y virtual;  el juego de identidades y ese sentido del humor que lima la gravedad pero que no deja huir a la trascendencia, alimentan esta ópera de videojuego que enfatiza la cultura de los ochenta y deja un aria pendiente para que cada uno incluya su propia prueba personal. El mago primerizo de ‘Duel’ y el narrador total de ‘Lincoln’ residen ambos en este aparato nada artificial, lúdico e hiperactivo que se imagina, incluye y sueña a sí mismo y en cuya partida subyace un constante regreso al futuro, fascinante y demoledor en su agigantado pero meticuloso gabinete de curiosidades. Una asombrosa puesta en escena que incluye homenajes geniales como el de ‘El resplandor’ de Kubrick y que somete el filme a una constante agitación de ligereza, de aparente superficialidad, del mensaje obvio al masaje de amor al cine. Cada Alicia de nosotros, fragmentada o no, cruza todos los espejos del amo del calabozo y del mago de la función. Del Delorean al cubo de Rubick, de Alien a Duran Duran, de Freddy Krueger a Fiebre del sábado noche, Spielberg se mira en su propio espejo y nos refleja. Una inteligente fábula infantil que sobrevuela trepidante los márgenes de los epicentros y también lo marginal y periférico de la realidad y la ficción. Un canto real, virtual, vintage, definitivamente incesante, a la imaginación, tan febril y doloroso como sabio y lúcido.

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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