Ramón Isla se alejó del Real Valle de Guriezo hace unos cuantos años para instalarse con su mujer en Palencia. Se alejó, porque nunca se fue definitivamente de su pueblo, al que acude con frecuencia para, entre cosas, aprovisionarse de verduras y legumbres de su huerto familiar.
El 2 de mayo de 1984, Ramón, un hombre jovial, abrió en el número 13 de la calle Pedro Fernández del Pulgar, cerca de la iglesia de San Miguel, en el centro de la capital palentina, el bar Casa Cantabria, un lugar de visita obligada. Junto a su mujer Isabel Guerrero, nacida en Dueñas, y sus hijos, Ramón se mueve como pez en el océano por la barra del local, en el que se pueden comer buenas tapas y raciones de empanadillas, croquetas, torreznos, pimientos rellenos, tortillas variadas, morro, oreja, sesos, manitas deshuesadas de lechazo, boletus, calabacín con queso de cabra, pulpo con queso divirín, bocartes fritos, suprema de merluza de pincho, rabas de calamar fresco, gambas de Huelva, pulpo a la gallega, ventresca de bonito, atún rojo, morrillo de atún, carrilleras y verduras y hortalizas de su huerta.
En plenas fiestas de San Antolín, en la terraza que con agilidad atiende una de sus hijas, Ramón sorprendió a un grupo de cántabros con varias de estas especialidades, entre las que destacaron unas exquisitas ancas de rana rebozadas. Un plato difícil de encontrar en Cantabria y que en este establecimiento alcanza la matrícula de honor. Otro de los manjares que salen de la cocina de Ramón es el rabo de toro, al que ha bautizado como ‘espantamoscas del albero’.
Estos días, si no lo ha hecho ya, Ramón se pasará por Guriezo para coger de la huerta unos cuantos kilos de alubias que, esta temporada, al parecer, se han dado muy bien en este municipio de la comarca oriental de Cantabria. Luego, en su bar, seguro que no faltará algún día un buen cocido montañés, para presumir de la tierruca.