Berto lo anunció con tiempo y el día 31 de mayo fue el último en el que se situó detrás de la barra para servir blancos, tintos, cañas y los mejillones y las patatas bravas que durante tantos años fueron señas de identidad del bar más conocido del centro de Santander: ‘La Mejillonera’. Lo hizo, además, para invitar al día siguiente, casi a puerta cerrada, a sus clientes habituales, o lo que es lo mismo, sus amigos. Este palentino de corazón cántabro puso el candado a su establecimiento, con los años cumplidos para acogerse a la jubilación. Berto cerró ‘La Meji’ en espera de un traspaso para un negocio consolidado y lo hizo con la alegría de un madridista de pro, con la ‘décima’ en el museo del equipo de sus sueños ,y con el Racing en Segunda división.
Ahora tendrá ya todo el tiempo del mundo para dedicarse a su pareja, Flor, a sus hijas, sus nietos y a su perro ‘Bubu’.
Alberto del Valle Santiago nació en Palencia capital. Antes de afincarse en Cantabria probó fortuna en Alemania, en Hannover. A Santander llegó con 23 años para trabajar como camarero en ‘La Mejillonera’, para cubrir una sustitución. Unos pocos años después se hizo propietario del negocio. Se trataba de una cervecería donde las patatas bravas y los mejillones con varias salsas –escocesa, marineros, vinagreta y con limón– comenzaron a coger amplia fama en Santander. Así como el cachi y el cachi-cachi, litro y dos litros de cerveza bien tirada. ‘La Mejillonera’ era por entonces un negocio con establecimientos abiertos, además de en Santander, en Valladolid, Salamanca, Bilbao, San Sebastián, Zaragoza y Palencia, entre otras localidades del país.La mayoría de ellos continúan aún en funcionamiento.
Para hacerse un idea de lo que fue este negocio en la capital cántabra, destacar que en los buenos tiempos, hasta el comienzo de la crisis, se consumían entre 400 y 600 kilos de patatas y 50 de mejillones a la semana. Berto, ¡gracias!