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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

La palabra del año

Por sexta edición consecutiva, la Fundéu acaba de decidir que la palabra más representativa del año; en este 2018 que termina la elegida ha sido ‘microplástico’. Esta amenaza invisible es uno de los males de nuestro tiempo, esa doble cara del progreso tecnológico que nos ha permitido domesticar, en cierta medida, la naturaleza, pero que al distanciarnos de ella pone en riesgo nuestra propia supervivencia.

Lo de elegir una palabra que represente todo un año entra también dentro de esa dinámica sintética y reductora, la simplificación de una realidad compleja que provoca que al final, sin saberlo, acabemos comiendo plástico. Hace unos años le tocó el turno a ‘escrache’, ‘selfi’, ‘refugiados’, ‘populismo’ y ‘aporafobia’, todas muy manidas durante un tiempo, pero que no alcanzan para describir la realidad por completo.

Porque las palabras del año podrían haber sido muchas, y seguramente diferentes para cada uno de nosotros. Para los que, por ejemplo, hemos sufrido despedidas traumáticas, serían todas de añoranza, cuando no tremendamente tristes. Para los que hayan encontrado trabajo, el 2018 lo enmarcarán con las más entusiastas. Los políticos, en cambio, utilizarán las triunfalistas en público y otras mucho más crudas en privado: ‘fratricidio’ si son populares, ‘dedocracia’ si tiran a anaranjados, ‘persecución’ si son socialistas… y si son de Podemos, igual se han quedado sin palabras. Y todo eso sin salir de Cantabria.

En Santander, la palabra del año debería ser ‘MetroTUS’. Lo que pudo haber sido y no fue. El pulso entre los barrios y el poder político, entre la obsesión por diseñar una ciudad de spot publicitario y la necesidad de los ciudadanos de un espacio habitable, más allá de los programas electorales. Podemos pensar que esta vez venció David a Goliat, pero tampoco pensemos que vamos uno a cero: al final, lograrán un Santander sin coches… y sin habitantes jóvenes, condenados a vivir a las afueras de una burbuja inmobiliaria que parece que no va desinflarse nunca.

Había, claro, muchas más palabras. Para la Fundéu –que no es un organismo separatista catalán, sino la Fundación del Español Urgente– había una docena de propuestas, entre ellas ‘arancel’, ‘nacionalpopulismo’, ‘hibridar’, ‘micromachismo’ o ‘VAR’. A mí me gustaba ‘procrastinar’, pero imagino que la habrán dejado para última hora.

Lo de los microplásticos, sin embargo, debería servirnos para pensar en cuánto nos gustan los problemas y qué poco las soluciones. Porque la palabra de este año debería haber sido ‘biodegradable’. Y, además, con acento cántabro. Una investigadora del IBBTEC descubrió en 2017 una posible forma de reciclar el plástico de manera natural, tal como lo hacen los gusanos de la cera. Sólo hacía falta un poco de apoyo para seguir investigando. Menos de lo que cuestan unas escaleras mecánicas o unas marquesinas del MetroTUS. Han pasado casi dos años, Federica Bertocchini está sin trabajo… y todos preferimos seguir hablando de microplásticos. Si fuera una sola palabra, la de 2018 debería ser: ‘nos lo tenemos merecido’.

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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