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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Enseñanzas útiles

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Contaba ayer en estas páginas Marta San Miguel que los estudiantes cántabros podrán cursar a partir ahora la asignatura de patrimonio, y cuesta reprimir la nostalgia. De los largos años de estudios apenas conservamos un par de recuerdos útiles y, como mucho, algún tema interesante de conversación. A veces, ni eso. Por ejemplo, de mis años estudiando Biblioteconomía en la universidad lo único que se me grabó en la memoria es que, en las bibliotecas de prisiones, lo que más demandan los internos es literatura de evasión. Siempre me quedó la duda de si ‘Papillon’ o ‘El conde de Montecristo’ se catalogarían bajo esa etiqueta.

Mucho peor me iría con otras asignaturas; recuerdo vagamente, por ejemplo, a la profesora de matemáticas trazando una especie de ese espatarrada en la pizarra, con guarismos a su alrededor, pero ni idea de qué significaban aquellos extraños símbolos. De hecho, a mis antiguos compañeros les costó convencerme de que en el instituto habíamos estudiado las integrales y las derivadas, que todavía sigo sin saber qué son. Y lo más curioso es que terminé aprobando la asignatura. Será cosa de querencias, imagino; seguro que otros han olvidado con mucha más satisfacción qué era el genitivo sajón o cuántas sílabas tenía un soneto ‘breve’.

No obstante, hubo otras enseñanzas mucho menos académicas, pero infinitamente más prácticas. Como en el primer año de instituto, cuando el profesor de mates decidió que, en lugar del temario, el último mes lo dedicaría a explicarnos cómo funcionaban los créditos, los tipos de interés, la banca y los impuestos. Claro que mi bachillerato fue algo especial; de hecho, lo llamaban ‘experimental’, a caballo entre la LODE y la LOGSE, en un momento de intenso optimismo el sistema dentro del sistema educativo, y en general en todo el país: acabábamos de entrar en Europa y los españoles queríamos ponernos a la cabeza en todo.

Así, algunos afortunados pudimos cambiar las eternas ‘sociales’ y ‘naturales’ por materias mucho más atractivas: antropología, teoría del conocimiento, economía, psicología, informática… Al menos, la sociología nos sirvió para estudiar en profundidad las grandes religiones mundiales, en Lengua aprendimos que los cómics, el cine y el rock eran algo más que mero entretenimiento. Además de la física y la química –de las que no nos libramos–, tuvimos tanta información sobre las drogas y sobre educación sexual que incluso algún padre llegó a protestar, escandalizado. Lástima que luego llegase la mala prensa de la reforma de Maravall, con la eterna paradoja de ese ‘Vivan las caenas’ que tanto nos gusta gritar en España, donde estamos convencidos de que tirar piedras podría ser deporte olímpico.

Por eso, acercar el patrimonio a los estudiantes resultará productivo en un doble sentido: les descubrirá la gran riqueza que compartimos entre todos, y además puede que muchos descubran su vocación, en una edad en la que no siempre se tiene claro. Ojalá cunda el ejemplo: menos ‘huesos’, y más asignaturas útiles.

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enseñanza

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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