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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Espiar el móvil

dsc_0285-2Las casas del siglo XXI ya no están hechas de ladrillos y hormigón, sino de unos y ceros. Bits en lugar de paredes. O eso han decidido en Alemania, donde acaban de incluir en el código penal el «allanamiento de morada digital», bromita por la que le puede caer al cibercaco nada menos que diez años a la sombra.

Y es que, en estos tiempos que creíamos de exhibicionismo en las redes, lo que en realidad sucede es que se amplía la esfera de lo íntimo, incluso hasta las dimensiones de lo invisible. Si hasta ahora el hogar era nuestra casa, y también en cierta medida nuestro coche, con estas medidas resulta que también la pantalla del móvil, el disco duro y hasta el router son parte de ya del ajuar doméstico, tanto como el cajón de las fotos familiares como la cajita de música con las joyas de la abuela. ‘Espacio privado digital’, lo han llamado.

Sucede que los alemanes, como casi siempre, tienen razón. Por mucho que nos moleste esa manía suya de sistematizarlo todo, hasta las miraditas furtivas a los móviles de los demás o nuestra muy latina tendencia al cotilleo. En el fondo, que alguien se cuele en tus cuentas de internet, o que husmee en tu ordenador, resulta tan invasivo como que se cuele en tu propia casa.

O incluso más, porque en casa, más allá de revolver cajones y llevarse lo que guardes bajo el colchón, probablemente no te van a pillar en paños menores, y mucho menos digitales. No se trata de que guardes o no secretos o fotos comprometedoras, sino que quien entra en tu móvil o tus redes sociales es como si te viera en pelotas: tus conversaciones, tu agenda, tus búsquedas de internet… Y probablemente no llegues ni a enterarte. Vamos, que eso sólo se lo permitimos a Google, y porque si no firmas aceptando la letra pequeña te quedas sin poder participar en el juego digital. Al final, mucha era de la tecnología pero seguimos en pañales: por un lado, necesitamos que protejan nuestra intimidad, pero por otro la regalamos en las redes sociales.

Lo que no queda demasiado claro es qué pasará con esos otros ‘delitos’ de andar por casa: los padres que le miran el móvil a sus hijos, para comprobar si es verdad que el sábado por la noche les «sentó mal la cena», o por qué les brillan tanto los ojos al llegar a casa. O el marido o la esposa que le echa una ojeada al whatsapp de la parte contratante de la primera parte, mosqueado por tanta cenita de empresa y tanta reunión de trabajo a deshoras. Internet ha hecho mucho por ampliar nuestras interacciones sociales, sí… casi tanto como la curiosidad por el móvil ajeno para multiplicar las estadísticas de parejas rotas por un quítame allá ese chat.

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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