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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Jubilación imposible

pensionistas-2-kayc-u501118126993yjh-624x385diario-montanesDesde que se inventó, el sueño de casi todo trabajador ha sido jubilarse. Y es que jubilación no ha significado nunca inactividad, sino libertad. Libertad para hacer lo que a uno realmente le gusta, en lugar de dedicar un tercio de la jornada a poder mantenerse durante los otros dos. Conocer el mundo, leer todo lo que no pudiste cuando tenías que ocuparte de los papeles y los biberones, apuntarte a un coro, jugar al mus… Hay tantas cosas por hacer, y todas por gusto, que durante medio siglo la edad dorada para nuestros compatriotas ha empezado a los sesenta y cinco años.

Sin embargo, en el último San Valentín los empresarios nos lanzaron un mensaje de amor a todos los españoles: os queremos… currando hasta los setenta y cinco. Así, sin bombones ni nada. Ya bastante dolidos estábamos desde que, con la crisis, a los políticos se les ocurriese que había que dar el callo hasta los sesenta y siete, como para ahora ponerse en situación de que habrá que esperar otros ocho años para que te apliquen el descuento de jubileta en el abono del Racing y la entrada del cine. Duele, sobre todo en un país en el que, si pudiéramos, la gran mayoría nos jubilaríamos incluso antes de acabar la universidad.

Es comprensible, por supuesto, que los grandes empresarios y los políticos no quieran jubilarse. Cuesta bajar del pedestal, pasar a la segunda fila, dejar el poder. Sin embargo, dejar de servir es otra cosa… Igual podríamos llegar a un acuerdo, no sé… Ni pa’ ti, ni pa’ mí. ¿Que ellos puedan convertirse en eméritos, como los catedráticos? Y a cambio a los demás que nos den la libertad a los cincuenta, por ejemplo.

En parte tienen razón, por supuesto, ya que es una simple cuestión de números: como Rajoy ha metido tanto la mano en la caja de las pensiones, ahora ya no hay para pagar a los jubilados. Pero si, además, obligamos al personal al trabajar diez años más, seguiremos ‘taponando’ el mercado; los jóvenes no tendrán ingresos, ni cotizarán. Pero claro, ya los mantendrán los abuelitos. A fin de cuentas, como se han pasado toda la vida ahorrando para comprar su casa, ya están acostumbrados a las estrecheces.

Aterra pensar cómo será la España de dentro de treinta años, cuando a mí me toque jubilarme. Porque entonces ya no habrá abuelos con la hipoteca pagada que mantengan a toda la familia. De hecho, las hipotecas serán un artículo de lujo, y los pobres viviremos de alquiler. Y quién sabe si habrá incluso España. Los que seguro que sí estaremos seremos un montón de ancianos cargados de achaques moviendo bandejas para servir sangría y jamoncito a los europeos del norte, que cada vez se jubilan antes, y seguirán viniendo al sur a disfrutar de nuestro living la vida loca.

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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