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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

¿El metro qué?

metrotusHay ocasiones en que las noticias, más que actualidad, te suenan a recochineo. ¿Pues no se les ha ocurrido a los alemanes hacer gratuito el transporte público? Y lo harán por el bien del planeta, por la pureza del aire, por la capa de ozono o por la paz en el mundo, pero con el cisco que tenemos aquí montado con los autobuses municipales, sólo faltaba que llegaran los alemanes a contarnos que lo suyo no sólo va sobre ruedas, sino que además se montarán por el morro.

De momento, los alemanes sólo lo están estudiando, pero para empezar en cinco ciudades ya van a tenerlo gratis. Así, por probar. En Herrenberg, donde sólo son unos treinta mil, igual no es para tanto, pero el medio millón de habitantes de Essen seguro que disfruta con el experimento. Aunque claro, lo del transporte público allí es otro mundo. Para empezar, no hay tornos, ni revisores, ni barreras. Nadie vigilando si pagas el billete o no. Es la primera sorpresa que nos llevamos los españolitos al subir al tranvía. O al autobús, que allí también los tienen, aunque no los llamen ‘metro-lo-que-sea’, como si tuvieran pelusilla de Bilbao.

El viaje, sin embargo, hay que pagarlo. Hay taquillas y máquinas expendedoras en los vagones y autobuses, pero como los pasajeros están concienciados, no hace falta andar persiguiendo a nadie: pagan religiosamente, sin rechistar. Además, como la mayoría de usuarios ya tienen un abono –los estudiantes lo pagan obligatoriamente con la matrícula, los jubilados están bonificados, etc.–, en realidad no les saldría a cuenta mantener a un ejército de cobradores con porra y grilletes. Lo que sí hay, para combatir la picaresca, son revisores de incógnito; cada vez que cazan a algún caradura, la broma le sale más o menos por el precio del abono anual. A menos que seas un profesional del asunto, como mi amigo José el canario, que salió del paso fingiendo ser sordomudo.

Lo odioso del asunto es, como siempre, la comparación. Que los alemanes, a los que los euros parece que les salen mucho más baratos, porque ganan el doble o el triple que nosotros, les pongan el metro ‘bay de feis’, y aquí nos rotulen como ‘metro-tus’ un autocar con fuelle, y encima obliguen a los mayores a bajarse en Valdecilla y calarse hasta los huesos esperando al ‘tren-bala’, es como para felicitar a los lumbreras que defendieron el proyecto –colapsando el tráfico de toda la ciudad, y total, «pa’ na’»–, y a los concienciados políticos que lo impusieron a unos vecinos que ni lo pidieron, ni lo necesitaban, ni lo quieren.

El problema, claro, es que rectificar es de sabios, así que ya saben… No habrá marcha atrás. Sólo queda cambiar Peñacastillo, San Román o Cueto por Bonn o Mannheim: tendrán transporte público, autopistas y hasta matrícula universitaria gratis, y pagando los mismos impuestos.

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Santander

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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