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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

¡Qué escándalo!

renaultLos menores beben. Lo acaban de denunciar los hosteleros cántabros, en un fabuloso remake de aquella escena de ‘Casablanca’ en la que el capitán Renault clausura el Café Americano de Rick con su célebre frase: «¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! ¡He descubierto que aquí se juega!», y, mientras hacer desalojar el local, el croupier se le acerca para entregarle un sobre: «Sus ganancias, señor».

Y luego han comenzado una partida de ese antiguo juego que consiste en pasar la bola, pidiendo que sea la policía la que vigile a los jóvenes e impida el consumo de alcohol antes de la edad permitida.

Cierto que la patata caliente se la había pasado primero la administración, que se limitó a prohibirles servir alcohol a menores, pero sin más ayuda. Es decir, que les dio la estrella de sheriff, pero sin revolver. Son los propios bares o pubs quienes deben investigar y denegar la consumición, como si no tuvieran otra cosa que hacer en toda la noche. Y además gratis. Si de paso tenemos en cuenta que su fuente de beneficios es precisamente esa, la de servir alcohol a sus clientes, era evidente que en algún punto se iba a romper esa cadena de policías honoríficos y no remunerados.

Lo realmente simpático ha sido ver cómo todos se echaban las manos a la cabeza: resulta que no sabían nada. Casos aislados. Un peligro lejano y difuso. Claro. Debe ser que nadie tiene contacto con adolescentes, que no han pisado jamás un instituto y que cuando van a Cañadío miran hacia otro lado. No se trata de que los chavales de menos de dieciocho se salten la ley: es que están haciendo lo mismo que sus mayores. «España bebe, España se droga», cantaban hace ya veinte años Siniestro Total. No me digan que no lo sabían…

Porque los jóvenes podrán ser muchas cosas, pero lo que desde luego no son es discretos. Prueben, si no, a coger un tren a Torrelavega en las noches del fin de semana y ya verán lo que es una peregrinación etílica. O pasen por Las Llamas o los bajos del Rhin y verán que para beber no les hacen falta ni bares.

El problema no está en la ley, ni en esa frontera difusa de la mayoría de edad –que nos hace madurar de golpe, al parecer, de un día para otro–, sino en que el alcohol vertebra culturalmente una parte importante de nuestra sociedad: el ocio nocturno. Estará bien o estará mal, pero es así. Para muchos, muchísimos ciudadanos, la diversión es salir y beber. Es lo que maman nuestros jóvenes, que en cuanto empiezan a sentirse mayores hacen exactamente eso. Podrán seguir prohibiéndolo, incluso persiguiéndolo, pero, por favor, no se hagan los sorprendidos.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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