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Guillermo Balbona

Fuera de campo

afrofuturismo y militancia

Black Panther  

2018 134 min. EE UU. Dirección. Ryan Coogler. Guion: Joe Robert Cole, Coogler 
Música: Ludwig Göransson.
Fotografía: Rachel Morrison. Reparto: Chadwick Boseman,  Lupita Nyong’o,  Michael B. Jordan,  Andy Serkis, Angela Bassett,  Forest Whitaker,  Danai Gurira.
Género: Acción | Salas: Cinesa y Peñacastillo  

Tan pronto parece ‘En busca del fuego’ con metal precioso deslumbrante como la versión afroamericana de un James Bond despistado, funcional y asexuado, toreado a derecha e izquierda. Habla de una tierra de nadie africana tan oculta que podría ser una versión de El Dorado, pero con connotaciones distópicas que la acercan a un paraíso perdido tan encerrado en sí mismo como egoísta. El hábitat es muy diversificado. Salvo veganos, hay afrofuturistas, militantes de lo natural, tribus, algún corrupto, una monarquía hipertecnificada y varios díscolos. El cineasta Ryan Coogler, que se había acercado a la leyenda de Rocky de una manera honesta y con brío, intensidad e interesantes aportaciones, firma ahora en ‘Black Panther’ el universo negro de la Marvel. Es innegable que posee un embalaje impecable. Esa mezcla entre el diseño de producción, la envoltura y la creación de un lugar deseado que tiene tanto de la Africa ancestral como del futurismo de los visionarios. Como ejercicio más allá del canon que impone la marca Marvel Coogler no desatiende los frentes posibles: los factores raciales, los discursos militantes, las metáforas sobre el poder, las lecturas subliminales antiTrump…Como explosión de entretenimiento sobra metraje (uno de los males del cine actual, doblaje aparte) y chirría ese humor estupidizante de los superhéroes y los excesos digitales del vale todo, aquí de una manera un tanto tosca. En ocasiones la cosa adquiere un aire a lo rey León pasado por algún videoclip de Rihanna. El resto es un diálogo de contrastes entre lo trascendente y lo banal, lo ancestral y el augurio, la preservación de cierta pureza etnonacionalista y la llamada a la revolución, todo ello filtrado por una acumulación de imágenes no siempre imaginativa, un totum delirium que acaba con la posibilidad de haber consolidado una obra radicalmente diferente. El dueto a lo Operación triunfo entre Malcolm X y Luther King que subyace en los discursos, aunque el éxito se lo lleva una estética más publicitaria que propagandística, se queda en mera pose. Además, al contrario que en muchos artefactos de acción con aspiración de saga, aquí fallan los buenos (el protagonista descafeinado no da la talla) y se muestran muy sólidos los villanos. El batiburrillo de Wakanda, más cerca del parque temático que de una sociedad simbólica sobre el poder y su uso, acaba domesticando la apuesta supuestamente arriesgada. Su hondura ideológica y político social acaba convertida en una colección de cromos vistosos y exóticos, que es lo peor que se puede decir de la excepción a la norma. Para los impacientes y apresurados advertirles que se esconde una de esas prótesis entre los títulos de crédito, aunque ya no sirva de redención.

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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