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Diego Ruiz

El Economato

Lakasa y Yakitoro, en Madrid

Superada ya la barrera del medio siglo poco o nada puede sorprenderte. Aunque no es imposible, es difícil que se cruce un nuevo amor en tu vida, que te encapriches de un coche por su diseño, que una nueva colección de ropa te haga vaciar todo el armario o que una colonia te vuelva loco y te olvides del aquel Agua Brava que revolucionó tu adolescencia, por citar algún ejemplo. Las únicas sorpresas que te da la vida después de los 50 vienen, casi siempre, de la mano de un buen o una buena cocinera. Sorpresas agradables, por supuesto, emplatadas sobre mantel, con cuchara, tenedor, cuchillo y un vino adecuado.
En Madrid, este pasado mes de septiembre, me sorprendieron como al jovenzuelo aquella fragancia que crearon en 1968 unos tal Marces Carles y Rosendo Mateu, dos restaurantes: Lakasa y Yakitoro.
Del primero de ellos, ubicado en la Plaza del Descubridor Diego de Ordás –junto al Parque de Bomberos de Santa Engracia– tenía ya muy buenas referencias e, incluso, había leído a Carlos Maribona alguna crítica destacando la buena mano de su chef, César Martín. Mi mujer y mi hija conocían ya este establecimiento y en mi debut en esta Lakasa probé un sabroso fiambre de callos con pipas de calabaza que me sorprendió gratamente. De sobresaliente alto fueron la terrina de cerdo ibérico y salsa tártara y el salpicón de bogavante con patata cocida y pimiento amarillo. La matrícula de honor la puso el solomillo wellinton, una de las especialidades de la casa. Un milhojas de crema catalana y un choco choco (blanco y negro) cerraron un menú excelente. Con una botella de vino de Rioja Finca Gregorio Fernández y un gin-tónic de Seegrans, el precio de la factura para dos personas –todos los platos fueron abundantes medias raciones– fue de 96,70 euros. Nada caro para ser Madrid.
Yakitoro es el restaurante que Chicote tiene en el Paseo de la Castellana. Un establecimiento divertido, para ‘picar’ algo y disfrutar de una cocina informal con calidad y mucho fundamento.
Dos personas compartimos las brochetas de patatas en salsa brava (3,40 euros), el helado de espárragos blancos con huevas de trucha y cacahuetes –exquisito–, los boquerones fritos en tempura con aderezo de ñoras dulces (6,60), el filete ruso y su migas al pimentón (5,60), los yakibocatas de chipirón con tomate ali-oli y cebolletas (5,80) y de papada ibérica y pepino ‘David Chang’ (5,40). De postre, una torrija de pistacho (4,80) y un plátano asado al carbón con toffee y crunchy de cacahuetes. Con un par de copas de vino o unas cañas de cerveza, la cena alcanza un precio más que razonable.

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Sobre el autor

Santander 1960. Universidad de Cantabria. Sección de Deportes, Cantabria en la Mesa y, a veces, algo de toros. En la redacción de EL DIARIO MONTAÑÉS desde 1984 pasando por casi todas las secciones.


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