Diabluras segovianas | Llamazares en su tinta - Blogs eldiariomontanes.es

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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Diabluras segovianas

A todos los males del infierno parecen querer condenar unos cuantos segovianos biempensantes al escritor y escultor José Antonio Abella, al que no se le ha ocurrido mejor idea que diseñar una estatua nada menos que del mismísimo demonio. Desnudo, por si fuera poco. Y, para más inri, en las cercanías de un colegio de monjas.

Tremendo, sí, pero tampoco se asusten tanto, que el asunto tiene poco de demoníaco. Ni Satanás, ni Belcebú ni Lucifer: lo que ha esculpido Abella es un diablillo risueño, que además se está haciendo un selfi. La propuesta del artista sólo viene a rememorar una conocida leyenda sobre el origen del acueducto. Y es que una joven criada, suponemos que en época romana, harta de tener que acarrear cántaros de la fuente hasta su casa, en la parte alta de la ciudad, se lamentó a gritos de su suerte, asegurando que daría lo que fuera a cambio de que el agua llegase hasta su puerta. Y allí apareció el demonio, dispuesto a negociar. Su alma por el acueducto. Trato hecho: la única condición era que debía estar terminado antes de que el sol saliera. Claro que la noche es propicia para arrepentimientos, y como la joven no podía dormir se asomó a la ventana para ver angustiada cómo el diablo y un ejército de demoníacos albañiles tenía la construcción ya más que avanzada. Temerosa de perder realmente su alma, la criada rezó con todas sus fuerzas, pidiendo a Dios que no lo permitiera. Y justo en el momento en que el diablo iba a poner la última piedra, le sorprendió un rayo de sol. ‘Game over’, que salía en las máquinas cuando perdías la partida. El hueco que faltaba lo ocupa, desde entonces, una escultura de la Virgen de la Fuencisla.

A partir de un cuento similar, en la ciudad alemana de Lübeck han ubicado una escultura de un diablillo risueño, toda una atracción para visitantes, para los que ya es casi tradición fotografiarse junto al sonriente demonio. Y algo así quiso hacer Abella en Segovia, así que esculpió en bronce a Segodeus, el «constructor del acueducto», y se lo regaló a la ciudad. Vamos, que no es el centro Botín, pero para hacerse selfis encima del monumento romano venía que ni pintado.

Sin embargo, se diría que una idea no puede ser buena si no le sale algún detractor. Y no han faltado. En este caso, dos señoras muy interesadas en el apocalipsis –de ahí sacaron el nombre de su agrupación– decidieron fundar la Asociación de San Miguel y San Frutos para impedir semejante sacrilegio. Más de cinco mil firmas llevan ya en Change.org. Aún más: Vox entró en el lío y llevó a los juzgados la indecencia de que el demonio enseñara «el ciruelo» (sic). Todo quedó, finalmente, en agua de borrajas, si exceptuamos el enorme disgusto de Abella, a quien la buena sociedad segoviana ha llamado de todo. A cambio, su escultura ha dado la vuelta al mundo. Y sin haberse instalado todavía.

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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