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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Nadal

Queríamos tanto a Nadal que casi parecía imposible que su popularidad aumentase, pero esta semana no sólo ha copado las portadas y los informativos de medio mundo, ha dinamitado cualquier expectativa, sino que ha pasado de ser un deportista admirado a convertirse en uno de nuestros paisanos más queridos.

Mientras a orillas del Cantábrico disfrutábamos de unos días de maravilloso viento sur, más allá de las montañas la gota fría de cada año volvía a hacer de las suyas, con especial virulencia en Baleares, donde ha alcanzado las dimensiones de tragedia. Parece increíble que todavía, por muchos avances tecnológicos de los que queramos presumir, las vidas humanas sigan siendo tan frágiles como para que puedas segarlas de cuajo una naturaleza que parece querer vengarse de lo mal que la trata nuestra especie.

Aunque, por paradójico que resulte, las desgracias son ocasiones propicias para sacar lo mejor, o lo peor, del ser humano. De que aflore esa solidaridad que, tantas veces, reprimimos para que no afloje el ritmo la maquinaria de la economía y el consumo. Pero cuando somos capaces de dejar de lado la competitividad y ayudar a los demás, el mundo se convierte en un lugar mucho más habitable, por el que vale la pena luchar.

Claro que, cuando se inundó San Lorenzo del Cardasar, el pueblo de su abuelo, y Rafa Nadal ofreció su ayuda, nadie esperaría que su colaboración consistiera en calzarse las botas de agua y empuñar un escobón para empezar a achicar agua y barro. Casi como un vecino más, de no ser por los focos de las cámaras.

Lo curioso, en todo caso, no es que el tenista apareciera por allí, pues ya estamos hartos de ver en todas las tragedias como los políticos y personalidades de relumbrón aparecen, se hacen la foto de rigor y se marchan enseguida a seguir haciendo dinero o destruyendo el mundo. Si se trata de una batida de limpieza, el o la capitoste de turno recoge un plástico, chapapote o lo que toque –que parece colocado allí ex profeso–, lo entrega a quien tenga más cerca y enseguida se quita los guantes y se va para que le sigan agasajando.

Otros famosos son todavía más asépticos, y desde su casa graban un vídeo brindando todo su apoyo y pidiendo que seamos los demás quienes donemos dinero para ayudar a las víctimas. Solidaridad dos punto cero, de la que no cuesta nada. Pero Nadal no. Nadal se pone el buzo y se llena de barro hasta las cejas. Abre su casa a quien lo necesita. Sin marketing.

Por eso le adoramos. También aquellos a los que el tenis ni fu, ni fa. Incluso los culés, que le perdonan sus simpatías madridistas. Y hasta los ‘indepes’ más recalcitrantes seguro que no le perdonan que de cuando en cuando se enfunde la camiseta de España, metafórica y literalmente.

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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