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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Día sabático digital

En 2001, cuando las nuevas tecnologías todavía eran relativamente nuevas, un grupo de universitarios de Seattle propuso una peculiar semana ‘sabática tecnológica’, que consistía en pasar el tiempo libre a la antigua usanza: esto es, conversando con los amigos, paseando, leyendo o haciendo cualquier otra cosa que no implique estar enganchado a un aparato electrónico.

Aquellos estudiantes redescubrieron la vida social y otros placeres –tampoco demasiados, pues estudiaban en una ‘universidad cristiana de artes liberales’, y buena parte del tiempo ganado lo dedicaron al culto y a la oración–, pero otros colectivos siguieron profundizando en esa moderna idea de abstinencia, hasta el punto de que hoy día existe un movimiento autotitulado ‘Digital Sabbath’ que propone un experimento: pasar un día a la semana sin tocar el móvil, el ordenador, los videojuegos, la televisión y demás derivados, durante tres meses. Todo un reto.

El ‘por qué’ no necesita demasiadas explicaciones, pero en su web meten el dedo en la llaga con algunas estadísticas sonrojantes, de esas que aseguran que damos los buenos antes a nuestro móvil que a nuestra pareja, o que prácticamente todos sufrimos ‘vibraciones fantasmas’; cuando uno ha sentido ese espasmo inconfundible en el muslo, y no tenía el móvil en el bolsillo, no puede negar el ‘cuelgue’ tecnológico. Vamos, que uno mismo –y casi todos los que le rodean– está al borde del ingreso en una de esas clínicas de desintoxicación tecnológica que se han puesto de moda en el extremo oriente, y no descarten que terminen abriendo alguna en Parayas.

El caso es que, convencido ya del alcance de la adicción digital –poco menos que dieciséis horas diarias pegado a distintas pantallas–, sólo queda plantearse el ‘para qué’. «Descansa, lee, sal, habla, medita, crea», prescriben los activistas. Qué maravilla. Porque uno todavía se acuerda de cuando le gustaba hacer todas esas cosas, en lugar de discutir, cotillear o presumir por las redes sociales. Esa bendición de ir a los Campos de Sport en lugar de ver el partido por la tele. Chatear al estilo antiguo, tomando chatos por Cañadío, haciendo buenos esos carteles que ya pasaron de moda: «No tenemos wifi: hablen entre ustedes».

Vamos, que estaba convencido ya de pasar el sábado desenganchado, entregado a una vida de libertad y desconexión. Una tarde en el campo recogiendo moras, mi manera preferida de pasar el tiempo. Tan mentalizado estaba, que hasta me privé de escuchar música mientras lo hacía, mi segunda ocupación favorita. Ese momento mágico en el que la mente se relaja y las ideas brotan. El nirvana contemporáneo, vamos.

Y entonces me di cuenta de que tenía que escribir esta columna, y que tendría que teclearla en el ordenador, conectarme al correo electrónico para enviarla y llamar luego al Diario, no fuera a ser que el redactor jefe estuviera también de sabático, recolectando moras, o castañas, lo que más le guste. Eso sí, la semana que viene me desconecto. Seguro.

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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