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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Fugas deslucidas

A veces es mejor no saber, porque cuanta más información tenemos sobre cómo se producen de verdad la fugas de presidiarios más se va desdibujando esa gloriosa imagen colectiva que nos habíamos ido formando a base de siglos de lecturas de Alejandro Dumas o de clásicos del cine como ‘La gran evasión’. Porque lo cierto es que uno se hincha a ver ‘Prison break’ o cualquier telefilme y enseguida se le desboca la imaginación fabulando minuciosos planes de escape y geniales golpes de efecto.

Será porque, en realidad, para lo que sirve toda esa literatura es para exorcizar nuestros demonios cotidianos, y olvidarnos por un rato de la rutina, que es en realidad nuestro verdadero cautiverio. Tal vez, por eso, cuando vemos a Clint Eastwood escapando de Alcatraz, lo que en realidad debemos de imaginarnos es a nosotros mismos escapando de nuestra propia cárcel, una sin barrotes ni concertinas pero de la que es mucho más difícil escapar que de cualquier presidio del mundo.

Pero con esa manía modernísima de desvelar hasta el más mínimo detalle, nos estamos cargando la épica de las evasiones. Esa que hacía del Lute un personaje de proporciones mitológicas, capaz de esfumarse en las mismas barbas de sus vigilantes, y de mantener en jaque a la Benemérita durante meses o incluso años. Houdinis, pero sin trampa ni cartón. Antihéroes contra el sistema. Con independencia de qué les hubiera llevado a terminar entre rejas, uno no podía sino asombrarse de su pericia a la hora de salir de allí donde se suponía que habían tirado las llaves.

El progreso, sin embargo, no avanza de modo uniforme, y allí donde había proezas se diría que ahora sólo quedan chapuzas. Como en las dos últimas fugas con las que nos hemos entretenido en estos días: la del preso de Santoña que huyó a África con su novia y la del reo de León que se ha tomado agosto de vacaciones.

Sus huidas no han tenido nada de heroico, precisamente. Ni siquiera de complicado. Simplemente, no regresaron después de un permiso penitenciario; como en aquellas tristes historias de los que se iban a por tabaco y no volvían, pero con varios crímenes de por medio. Sobre todo, en el caso del leonés, considerado uno de los delincuentes más peligrosos del país, y que como parte de su paso al tercer grado tenía que aprender a autogestionar poco a poco su propia libertad, pero al parecer prefirió tomársela de golpe, y luego que saliera el sol por donde fuera.

Y sí, serán fugas, y estarán penadas igual que las otras, pero qué menos que habérselo puesto un poquito más difícil. Que tuvieran que excavar con una cuchara. Serrar barrotes con una lima de uñas. Hacerse pasar por muerto. Lo que fuera, porque evadirse así será mucho más democrático, pero no tiene ningún mérito. Por lo menos, que los metan en una sala de escape.

Temas

delincuencia

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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