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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

¡La que has liado, Ciano!

Mientras muy lejos, en hoteles de lujo de la capital del reino, los que se disputan el poder son los de siempre por mucho que se pongan distintos collares, aquí en las montañas el verano parece una reposición del eterno retorno, un nuevo episodio de un imaginario colectivo poblado por bandoleros y guerrilleros… Aquellos que un día se echaron al monte y se reencarnaron en leyenda, por muy apócrifa que pudiera llegar a ser.

Claro que esta última aventura no se acerca ni de lejos a la épica del Cariñoso, sino que tiene un regusto a España negra y a miseria cotidiana, amplificada por los tics de telefilme de sobremesa en que se está convirtiendo la vida cotidiana de principios del siglo XXI.

Y es que, por mucho que los medios capitalinos quisieran ver en él a un Rambo ibérico y posmoderno, Luciano Simón –o, por más señas, Ciano el de Turieno– ha sido noticia a su pesar, sin pretenderlo y casi sin enterarse; una víctima más de la España a garrotazos que retrataran Goya o Cela y que, por mucho que nos empeñamos en enterrar, nunca deja de enseñar unos colmillos afilados y retorcidos.

«Ya sé que la he liado y ahora tendré que asumir las consecuencias», parece ser que dijo cuando ya no había remedio. Como si liarse a tiros con la Guardia Civil fuera poco más que un despiste, una mala tarde que tiene cualquiera. Un bronca familiar que se va de las manos y acaba en visita de la Benemérita. Algo exagerado, sí, pero recibirles a tiros, como hacen los anarcoindividualistas en las películas, al grito de «Fuera de mi propiedad», no parece la mejor idea.

Algo tuvo que cruzarse en su cabeza para terminar en cortocircuito. Porque Ciano no había sacado media carrera de derecho en un cuatrimestre ni tenía un máster en América, pero ni falta que le hacía. Su universidad sería otra, sin númerus clausus ni notas de corte. Esa enseñanza canalla y callejera que ensució los ochenta con su rastro de delincuencia de poca monta y menudeo de sustancias controladas. Tal vez no ganase el premio naranja, pero en su pueblo sabían que era un tipo listo, capaz de remontar una carrera cuesta abajo, desde los bajos fondos de la España de provincias hacia la paz de Liébana. En precario, tal vez trapicheando, en el limbo de la legalidad, pero sin cruzar ninguna línea roja.

Hasta que aparecieron los guardias con el patrol Ciano la lió. Y todavía hubo suerte, excepto para el pobre agente que se llevó un balazo en el pie. El tiroteo, la fuga de película y la captura de opereta se van a quedar para todos en simple anécdota, carne de una serpiente de verano, otra más, con la que alimentar los informativos. Por fortuna. Menos para Luciano Simón, que se va a pasar mucho tiempo pensando en la que ha liado, como si viviera en una canción de Radio Futura.

Temas

delincuencia

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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