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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

El placer de bloquear

En la fabulosa ‘Capitanes intrépidos’, Harvey Cheyne es un insoportable niño rico que, tras una fea trastada en el colegio, es condenado a pasar una semana «en Coventry». Aunque Coventry, en este caso, no es una ciudad, sino un estado, una situación figurada, aunque tomada literalmente. Porque durante el tiempo en que el muchacho está «en Coventry» nadie puede dirigirle la palabra. De hecho, le ignoran como si verdaderamente estuviera allí, aunque en realidad no ha salido del prestigioso internado.

Esta refinada forma de ostracismo parte de una antigua expresión inglesa, pero «enviar a Coventry» es una forma de ignorar a alguien que tal vez resultara muy elegante en su momento, pero desde luego mucho menos eficaz que su versión ultramoderna: el bloqueo.

Antiguamente, cuando alguien te molestaba había que ser muy poderoso para poder librarse de su presencia. Si eras rey, por ejemplo, podías cortar por lo sano –u ordenarlo, vamos, que de manejar el hacha ya se encargaba el verdugo– y luego con ordenar quemar las crónicas y reescribirlas, y cargarte las inscripciones o vestigios que hubiera dejado, asunto resuelto. Luego en el siglo XX ya se podían incluso modificar fotografías y grabaciones eliminando a quien interesara, como ocurrió durante el estalinismo en la Unión Soviética, donde no sólo se depuraba a los enemigos políticos, sino que les borraba literalmente de la historia.

Pero la gente de a pie, hasta hace nada, debíamos conformarnos con ese ‘largo de mi vista’ que gritaban airadas las madres del siglo pasado cada vez que la liabas parda. Pero poco más… hasta que llegaron las nuevas tecnologías. Y con ellas placeres impensables hace prácticamente nada. Como, por ejemplo, el bloqueo.

En principio, lo de bloquear puede parecer una función defensiva, el último recurso ante esos vendedores palizas que se empeñan en boicotear la siesta de todos los españoles intentando colocarte cualquier cosa, desde un seguro hasta una cubertería, aunque la palma, claro, se la llevan las empresas de telefonía, que parecen aprovechar que las llamadas les salen gratis para avasallarnos de manera inmisericorde.

Incluso puedes bloquear a un cuñado cotilla o a una amiga demasiado insistente, pero el verdadero placer del bloqueo está en las redes sociales: cuando fulminas de tu facebook, del instagram o del wasap a tu ex, y ya nunca más podrá ver tus selfis con sonrisas forzadas, tus memes de bebés y gatitos, tus frases de Paulo Coelho, tus canciones con retintín o esas actualizaciones de estado con las que muestras lo bien que te va la vida desde que alguna persona no está en ella. Para que aprenda. Y mandarle a Coventry de un solo clic. Claro que, a lo mejor, en la inopia se vive mejor. Esté donde esté ese lugar llamado Inopia. Aunque claro, puestos a elegir, donde uno mejor está siempre es en Babia.

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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