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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Cuando Coulibaly no vio a Goñi

En el fútbol, como en todo en la vida, no sólo existe lo que ve, sino que buena parte de lo que sucede escapa a los ojos del espectador. Pequeños detalles que sólo conocen los que lo han vivido; la vida secreta de los vestuarios y la intrahistoria de cada partido no suelen trascender, pero determina lo que sucede dentro y fuera del campo.

Y es que, ante los micrófonos, se impone el tópico, la respuesta formularia, el discurso de la humildad anteponiendo al colectivo. De puertas adentro, sin embargo, cada cual mira por lo suyo, como es lógico. Son humanos.

Por eso, cuando el domingo, en los momentos finales del partido, el Racing parecía a punto de trenzar la mejor jugada de la segunda parte, en un contragolpe de libro, cuando Coulibaly eligió la peor opción, el pase imposible entre los centrales rivales, en pos de un Heber que llegaba ya sin apenas opciones, en los Campos de Sport sonó un murmullo de decepción: era imposible que no hubiera visto cómo, a su lado, Pablo Goñi había ganado la partida al lateral y avanzaba en clara posición de ventaja directo a la meta rival, sólo a falta de que su compañero le pusiera en los pies el pase más sencillo de la tarde, un leve toque con el interior de apenas tres metros y sin oposición. El francés, en cambio, prefirió mirar aún más hacia la izquierda. El camino más largo.

Tras una temporada de intermitencias, de entrar y salir del once titular, de ver cómo se buscaba un nueve por medio mundo hasta dar con Pumpido, éste tiene pinta de que tampoco será el año de Coulibaly. Dos recién llegados, César Díaz y Dani Aquino, han copado la punta del ataque, de modo que el delantero se ha visto relegado de nuevo al banquillo. Hace falta una gran fortaleza mental para ser el jugador número doce, sobreponerse a la depresión de saberse descartado y salir con hambre de redimirse cuando al fin llega la oportunidad. Y hasta ahora, eso ha hecho el senegalés: intentar mostrar su error al míster, dejar patente su valía, luchar por el puesto, en definitiva.

Pero ayer ante el Palencia había un tercer hombre. Se llama Pablo Goñi y es el futuro nueve del Racing. Él lo sabe y Viadero lo sabe. No es que sea un secreto a voces, simplemente basta con mirar sus números del pasado año, encabezando una nueva hornada juvenil espectacular, otra más. Quizá por eso se ha saltado los plazos y ha volado directo hasta el primer equipo, debutando en liga en el primer partido. Por delante tenía apenas diez minutos, pero su salida es toda una declaración de intenciones de Viadero, que ya acababa de demostrar que no le temblaba la mano al dejar la manija del equipo a otro debutante, Sergio. Si además centrocampista acaba el partido siendo uno de los mejores del equipo, no sólo quiere decir que hay esperanza en la cantera: además, hay sensibilidad y sensatez en el banquillo. Señal de que se avecinan buenos tiempos.

Sin embargo, nunca llueve al gusto de todos. Y seguro que al senegalés no le emociona tanto como a la parroquia verdiblanca ver a un chaval de dieciocho años pidiendo paso con el mayor desparpajo del mundo.

Claro que Goñi lo que le pedía era el balón, con el camino franco hacia la meta, justo cuando un paupérrimo CD Palencia se había venido arriba, revitalizado por la autoexpulsión de un hipermotivado Córcoles, un hombre que tiene carácter para dar y repartir.

Hubiera sido un debut de ensueño, pisar el césped de ese estadio con el que llevará soñando desde alevín y coronarse con su especialidad, un gol de manual en la mejor contra del partido. Y lo hizo todo perfecto, el desmarque, la anticipación por velocidad, encaró la meta… pero el balón no llegó. Coulibaly no se lo dio, y le privó de un gol que habría sido su mejor carta de presentación, un método infalible de meterse al público en el bolsillo.

No sabemos que pasaría por la cabeza del senegalés en aquel momento, si su mente fue una calculadora o si simplemente fue incapaz de ver el pase, si en sus botas no hay tanto fútbol como se le presupone. El caso es que aquel muchacho de dieciocho años no pudo comenzar ayer su leyenda. Y en cambio, dos minutos después Coulibaly podría haber empezado a ganarse el puesto, si el árbitro no hubiera señalado un fuera de juego tan claro como protestado. Cosas del destino.

Eso sí, si el marcador no hubiera estado a favor, aquel pase denegado hubiera merecido un consejo de guerra.

Temas

2016-17, Racing

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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