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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Indecisos

Como tiene que haber de todo, seguro que más de uno se está frotando las manos con todo este asunto de la legislatura interruptus que nos han encasquetado nuestros políticos. Y es que, entre que unos van a hacer su agosto en julio con las campañas publicitarias, y otros se ríen a lo Confucio por aquello de las vueltas que da la vida y la paja en el ojo ajeno; se trata de la ‘competencia’ catalana –al menos, así se definía hace unos días en las ondas un parlamentario autonómico independentista–, que a pesar de haber sido el blanco de los dardos más irónicos de todos los opinadores, al final sí que logró formar gobierno, y sacar los colores a sus homólogos nacionales, aunque fuera ‘en diferido’.

Para el resto del país, en cambio, más bien resulta un engorro. Ojo, que no es que esté mal eso de la burbuja electoral, que es como mudarse a vivir a un anuncio de la tele; de hecho, la precampaña ya ha arrancado y con mucha fuerza: el gobierno en funciones promete una tasa de paro del 14 por ciento en el 2017. A ver quién supera eso. Sobre todo, porque el día anterior el paro pasó del 20 al 21 por ciento, y subiendo. O piensan que somos gilipollas, o es que realmente lo somos.

Es de suponer que lo de no ponerse de acuerdo, aparte de que las urnas de diciembre conformaron, más que un parlamento, un rompecabezas de muy difícil encaje, se debe al cálculo electoral. Claro que, en realidad, más que de tecnología de alta precisión, esas artes suelen parecerse más a las antiguas prácticas de poner una vela al santo preferido y esperar que se cumplan nuestros deseos. Porque, a poco que uno compare las expectativas y encuestas con los resultados electorales, enseguida se da cuenta de que, por mucha ciencia que se le quiera echar, fallan más que una escopeta de feria.

El caso es que, a estas horas, seguro que todos tienen ya echadas sus cuentas –las de la lechera, en concreto–, y andan buscando dónde rascar algún nuevo voto. Como sucede que en nuestro país, queramos reconocerlo o no, la mayoría nos tomamos la política de la misma manera que el fútbol, como si de una religión se tratara, es bastante improbable que se produzcan grandes cambios en el reparto de votos. Cuando uno elige a ‘su’ partido, ya pueden esquilmar el país, desplumarte, dejarte en la ruina o hasta azotarte en plaza pública: a los tuyos les vas a perdonar todo. De hecho, ni siquiera los casos de corrupción van a pasar mucha factura al gobierno de turno; ya no hay una generación del baby-boom que propicie un vuelco, como en 1996.

Así que ahora serán esos misteriosos ciudadanos, los indecisos, los que tengan la palabra. Gente que puede oscilar entre la derecha de toda la vida y los revolucionarios con rastas. Que no son diestros ni zurdos. Que no son ni del Madrid ni del Barça, ni de Antena 3 o de la Sexta. Gente muy extraña, infiltrados entre nosotros.

Esperemos que acierten.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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