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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

¿Qué fue de la renta básica?

 

Hace unos días, cuando tocaba hablar del imposible gobierno español, el todavía presidente en funciones Rajoy se entretuvo delante de los micrófonos explicando que en Gran Bretaña a los empleados con un salario reducido el estado les concede una ayuda complementaria, que sirve de incentivo para que prefieran trabajar en lugar de vivir de las ayudas sociales. Serán cosas de la alta política, de la duda metódica que caracteriza al personaje, o del ‘manzanas traigo’ del acervo popular, pero aunque eso de lanzar un señuelo para desviar la atención de lo que verdaderamente importa en ese momento casi siempre funciona, en esta ocasión el asunto elegido no podría haber resultado más desafortunado.

Y es que las palabras de Rajoy –por más que su intención seguramente fuera otra–

nos trasladan a una especie de país de Jauja, donde en vez de longanizas se ata a los parados con contratos fijos. Un mundo que aquí no hemos visto casi ni en las películas, en el que la preocupación por la dignidad de sus ciudadanos llega tan lejos como para garantizar que nadie se vea condenado a la miseria. Entre otras cosas, mediante unas ayudas económicas, una especie de subsidio, al que todos los habitantes tienen derecho por el mero hecho de pertenecer a esa sociedad. Ideas tan utópicas, vamos, que casi parecen inventos de escandinavos.

Sin embargo, cuando yo era un joven estudiante en Alemania, finalizando el siglo pasado, me sorprendió descubrir que ese tipo de ayudas existían y eran aceptadas con absoluta normalidad incluso en un país mucho más ‘capitalista’ que el nuestro. Cierto que había un gran número de personas que se aprovechaban del sistema con total descaro e impunidad, pero también permitía una libertad personal: saber que puedes dedicar el tiempo que quieras a tu formación o que puedes tener hijos sin miedo a quedarte en la calle no tiene nada que ver con la vida de estrés permanente a que nos condena nuestro raquítico mercado laboral.

En España, el primero en plantear el asunto seriamente fue Zapatero. Claro que fue en 2001, cuando aún ni sospechaba que acabaría ganando por sorpresa las elecciones tres años más tarde. Ni que sufriría una amnesia selectiva, que desterraría al olvido lo que llamó ‘renta básica de ciudadanía’, y nunca más se supo. Aunque de cuando en cuando la idea vuelve a aparecer en algún discurso político, de idealismo exacerbado, no tiene pinta de que acabemos viendo que se implante algo parecido. Y es que la caja común no da para todo: entre lo que no ponen los que deberían, y lo que se llevan los que pueden meter la mano, al final las cuentas nunca cuadran bien para los mismos.

Lo verdaderamente terrible es que, al final, tal vez tengan razón sus detractores. ¿De verdad iríamos a trabajar si cobrásemos igual sin ir?

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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