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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Dormirse en los laureles

Decía Karl Liebknecht que «hay victorias que son fracasos», y aunque el revolucionario alemán probablemente no se refiriese al Racing, lo cierto es que desde que venció y convenció frente a su homónimo ferrolano, no ha vuelto a levantar cabeza.

En cierto sentido, la fabulosa victoria frente al entonces líder, que además culminó una racha espectacular de triunfos, parece haberle sentado fatal al equipo, que desde entonces no ha vuelto a lograr no ya los mismos resultados –salvo el abultado marcador frente a un Celta B lastrado por una expulsión tempranera–, sino ni siquiera esa superioridad manifiesta que hacía que acabaran imponiéndose en todos los encuentros, aunque no fuera su día más acertado.

El fútbol es como la bolsa: la cotización es diaria. Y si el valor depende de la posición en la tabla y de lo que hayas hecho en las jornadas inmediatas, poco importa que hace un mes fueras a comerte el mundo, si resulta que hoy día se te atraganta uno de los peces más chicos de la categoría.

Y es que, desde que ya no meten los goles hasta sin quererlo, hasta Coulibaly parece menos letal, y Dioni ya no ratonea de la misma manera. ¿Qué le pasa a este Racing?

Después de pasarnos toda la semana discutiendo sobre si habría que reservar o no a Álvaro Peña para el partido contra el Logroñés, no fuera a ser que le sacaran la quinta amarilla, resulta que todo eran castillos en el aire, porque lo de ir ‘partido a partido’ no sólo es un eslogan de Simeone sino una práctica que hay que tomarse en serio. Parece que aún no nos hemos dado cuenta de que para ser grandes hay que jugar a grandes, porque aunque estemos en segunda B somos el Racing. Y las ligas los grandes las ganan –o, más bien, las pierden– en los campos de los pequeños. Pero es que además hay que tener en cuenta que, aunque seamos pez grande, para eso también estamos en segunda B, y para que la diferencia cualitativa nos sirva de algo hay por lo menos que igualar la entrega del rival.

De nada sirve ser netamente superiores, ni dominar el partido si al final no hay ningún acierto de cara a gol. Como en tantos partidos, contra la Arandina el domingo volvió a fallar la capacidad goleadora, y poco importa que durante muchos minutos pareciera que sólo era cuestión de tiempo. Las sensaciones no se reflejan en ningún marcador.

En cualquier caso, lo de la Arandina es volver a tropezar con la misma piedra. Si ya en tierras burgalesas, en la primera vuelta, el técnico Javier Bermúdez consiguió neutralizar al Racing, que durante setenta minutos pareció un equipo romo y que sólo en los últimos minutos consiguió salvar los muebles con un empate, y gracias, el domingo el técnico visitante volvió a dar con el talón de Aquiles de Munitis, y si bien el partido comenzó con varios errores en defensa de los burgaleses, los nuestros no sólo no supieron aprovecharlo sino que el tempo de la segunda parte lo marcó Bermúdez, primero sacando otro delantero y poniendo en aprietos al Racing y luego cerrando el partido a falta de diez minutos con la salida de Ruba.

Nuestro entrenador, en cambio, parece perderse en guerras incomprensibles, con jugadores como Borja Docal que pasan de la grada al equipo titular y viceversa sin que nadie pueda entender la lógica de esas decisiones. Y luego, nos extrañará que el jugador esté nervioso.

A pesar de la euforia, la racha de fin de año no era suficiente: si nos seguimos durmiendo en los laureles, acabaremos como el Oviedo.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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