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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Gato por liebre

Lo curioso de este mundo global y adicto a las nuevas tecnologías que nos ha tocado vivir es que lo mismo es posible vampirizar el trabajo ajeno que quedar en evidencia a las primeras de cambio. Vamos, que tan fácil es copiar como que te pillen. Y que suceda a diario en tantos órdenes de la vida, desde los trabajos estudiantiles hasta las novelas y canciones pop, no quiere decir que el plagio sea admisible, por mucho que parezca estar de moda.

Lo vivido estos días con el famoso concurso para la imagen gráfica de Santander nos deja muchas lecturas, y básicamente deprimentes.

¿Pasado o robado?, piensa uno contemplando los diseños puestos a votación popular, en un plebiscito además consultivo. Y es que las tres propuestas tenían un aire rancio, viejuno, como de hace dos décadas; y mal vamos a modernizar la imagen de la ciudad con un diseño tan pasado de moda.

Pero no sólo se trataba de la imprecisa sensación de ‘déjà-vu’ –los colorines ya los habíamos visto en el logo de Andalucía que diseñara la agencia DEC–, sino que ha faltado tiempo para que se descubriese que uno de ellos era un simple ‘tuneado’ de una plantilla de veinte dólares. Vamos, que con el escándalo del cartel de la Semana Grande no se aprendió nada de nada.

El problema es que lo que aceptamos con total naturalidad en nuestra vida cotidiana no siempre se ajusta a lo ético, a lo lógico y mucho menos a lo legal. Que no respetemos los derechos de autor en las redes sociales, y que los muros de Facebook sirvan para fusilar sin recato –y sin cita– todo lo que nos apetezca, no significa que los derechos de autor no existan. Aunque nos los pasemos, directamente, por el arco del Banco.

Es un hecho que el esfuerzo creativo no se valora y que, en plena barra libre cultural, pensamos que todo es gratis. Como plagiar, que es tan impune y sencillo como dar dos golpes de ratón. Ahora, pasar luego la factura es de un descaro inimaginable; y abonarla, de un candor que conmovería de no ser porque estamos hablando de dinero público.

E igual de preocupante es comprobar qué entienden nuestros representantes por participación ciudadana. Porque ofrecer una propuesta cerrada, esa ‘final a tres’ –pero con el misterio uno y trino de que todos los logos sean de la misma empresa–, no es precisamente el súmmum de la democracia. Y la fórmula ya está inventada: se llama ‘concurso público’, con luz y taquígrafos. Y luego ya se puede votar de la manera más ‘smart’ que se les ocurra.

Abran de verdad el concurso, y verán como los diseñadores cántabros son capaces de dar ciento y raya a la rácana propuesta de los madrileños. Y sin plagiar a nadie.

Temas

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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