Blogs

Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Einstein, ese incomprendido

Einstein mola. Será por los cabellos revueltos, por ese aire de rebelde irreductible o por las fotos sacando la lengua, pero el caso es que el tal Albert hace muchas décadas que pasó de ser un particular a convertirse en un icono del siglo XX, a la altura de Marilyn, el Che o Elvis Presley. Porque mola. Lo que ya no está tan claro es por qué nos mola tanto.

Y es que ya nos molaba hace casi un siglo, cuando en 1923 le dio por visitar España, en parte por hacer una tournée y en parte por poner tierra de por medio con su Berlín, donde ya empezaban a hostigar a los judíos, por muchos premios nobel que tuvieran. El caso es que cuando al físico le dio por pasearse por la España de Primo de Rivera, se confirmaron todos los tópicos. El primero, el del sabio despistado: a Einstein se le olvidó confirmar su llegada, y en la estación no había ni comité de bienvenida ni nadie esperándole. Así que tuvo que pasar su primera noche en una pensión del barrio chino, como si tal cosa.

Su acogida, sin embargo, resultó espectacular –en cuanto se enteraron de que estaba aquí, claro–: auditorios repletos de público, recepciones oficiales y hasta vítores por las calles. Fue famosa la anécdota de la castañera que le jaleó diciendo: «¡Viva el inventor del automóvil!». Pero, sobre todo, lo que fue dejando a su paso era un enorme rastro tanto de admiración como de incomprensión, a partes iguales. Y es que el hombre se empeñó en ir exponiendo por ahí su teoría de la relatividad, esa que estos días cumple cien años, y el resultado no podía ser más desalentador. Según contaban los cronistas de la época, apenas un cinco por ciento del público podía seguir sus explicaciones, y no se trataba de un problema de traducción, sino de la dificultad intrínseca de la materia. Aún así, las salas de conferencias estaban siempre abarrotadas, y las ovaciones al terminar eran estruendosas.

El caso es que, a pesar del centenar de años transcurrido, las cosas no han cambiado demasiado. Seguimos convencidos de que Einstein era un genio, tal vez el mayor de nuestra época, aunque no sepamos muy bien por qué. Y es que todo eso del espacio-tiempo, que si es elástico o loncheado, y el e es igual a emecé al cuadrado debe de ser para muy inteligentes, porque algunos no acabamos de entenderlo ni aunque nos suban a youtube vídeos de dos minutos con la explicación para torpes. Tampoco yo, aunque me pase treinta y cinco horas a la semana en la mismísima calle Albert Einstein –léase, PCTCAN–. No entiendo a Einstein. Ni jota. Pero claro, eso no quita para que me siga molando. ¡Qué genio!

 

[Publicado en EL DIARIO MONTAÑÉS el domingo 29 de noviembre de 2015]

Temas

Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

diciembre 2015
MTWTFSS
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031