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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Crueles despedidas

Quisiéramos verlo o no, estaba cantado: se acabaron las galopadas de Koné por los Campos de Sport. Al menos, vestido de verdiblanco, porque esperemos que no quiera el caprichoso diablillo de la Copa del Rey que nos toque cruzarnos con el Oviedo esta temporada.

Que Koné quería irse era mucho más que un secreto a voces; tras los tonteos con el Betis vino la espantada hacia Pamplona, y a pesar de su regreso –‘el hijo pródigo’, le renombró el periodista Raúl Gómez Samperio– y de contribuir al último ascenso, era evidente que sólo la lesión que sufriera a mitad de la pasada campaña había impedido su marcha.

Como aficionados, como racinguistas, obviamente nos disgusta que tu gran estrella, tu mejor hombre, beba los vientos por encontrar mejor destino, sobre todo si la fuga le lleva, precisamente, al cuartel de uno de tus rivales más enconados. Porque toda ruptura tiene que ser, por definición, traumática, pero las hay tremendamente dolorosas.

A nadie se le escapa que Koné tiene sus motivos para la ‘espantada’, cómo no… La carrera de un deportista no sólo es breve, sino tremendamente incierta, por lo que no se puede desperdiciar ninguna oportunidad. Para un jugador como él, después de haber brillado en la copa y demostrar su valía en las ligas profesionales, sumirse en el abismo de segunda B podría significar no sólo congelar su futuro, sino quien sabe si incluso renunciar a él. Una mala racha, una nueva lesión o un desencuentro profesional podrían dar al traste con cualquier esperanza de éxito, así es resulta difícil criticar que alguien aproveche una oportunidad cuando la vida se la ofrece.

Más cuestionable es, eso sí, la idoneidad del momento y el destino elegidos. Con todos los respetos para los vecinos, fichar por los carballones tampoco es como para tirar cohetes. Por mucho Slim del que quieran presumir. Y largarse a la francesa después de seis meses lesionado –es decir, cobrando– no es precisamente la cima de la elegancia, sobre todo porque si en algún momento el Racing necesita a Koné es ahora.

Y por mucho que maquillemos las formas, haciendo una cesión y no una venta, si hay una forma de mitigar el drama de la separación sería precisamente endulzándolo con un traspaso jugoso, por aquello de que las penas, con pan…

En fin, que ya no oiremos más aquello de «¡Oh, Mammadou, oh, Mammadou, todos queremos tenerla como tú!».

 

Mucho más triste, duro de verdad, ha sido la verdadera despedida del fin de semana para el racinguismo, una de esas noticias que no salen en primera plana pero que a todos nos dejan tocados.

Se nos ha ido el alma de la curva: Juan Solana ya no podrá seguir más a su adorado Racing. Con apenas treinta y cuatro años nos ha dicho adiós, despertando un sentimiento unánime de consternación. Con una sonrisa como carta de presentación, nunca fallaba en ninguna cita verdiblanca, fuera un partido, una conferencia o una acto reivindicativo. Constantemente acompañado por su padre, su tremenda vitalidad trascendía a la silla de ruedas a la que le había unido el destino, desprendiendo un entusiasmo tremendamente contagioso, que lo mismo le llevó a promover una reunión de chefs cántabros en pro de la ampliación de capital que a participar en la marcha racinguista.

La próxima vez que pisemos Los Campos, seguro que muchas miradas se dirigirán a esa pequeña plataforma, en la curva de gol norte, desde la que Juan sufría con su Racing. Se echará en falta su figura y sus ánimos pero, sobre todo, su impagable humanidad. Hasta siempre, Juan.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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