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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Pasar por caja

Que el racinguismo es algún tipo de enfermedad sentimental viene a demostrarlo, además del sufrimiento nuestro de cada jornada, el hecho insólito de que es el único caso en el que hay gente que no sólo paga sin rechistar lo que le pidan por un abono, sino que encima pide que le suban el precio. Y lo de contribuir y colaborar está muy bien, es la base de nuestro éxito como especie y tiene tantos efectos beneficiosos que no sólo nos hace sentirnos mejores personas sino que nos brilla más la cara y hasta se nos cae menos el pelo, pero incluso la generosidad debería tener sus límites. Porque el Racing, de momento, aunque sea patrimonio sentimental de sus aficionados, sigue siendo una empresa privada, por obra y desgracia de la Ley del Deporte.

Acaba de lanzarse la nueva campaña de abonos, y como ya se barruntaba en la última junta de accionistas, la próxima temporada el descenso de categoría se notará mucho en el campo pero muy poco en el bolsillo, porque no solamente no bajan los precios del abono sino que incluso se incrementan. Y eso que, en segunda B, no sólo habrá menos partidos sino que el valor real del ‘espectáculo’ ya vimos hace dos años que está bastante por debajo del precio que quieran ponerle.

Desventajas de ser clientes cautivos, desde luego que al final todos pasaremos por taquilla a retratarnos, incluso sabiendo que pagaremos ‘muy por encima de nuestras posibilidades’, e incluso muy por encima de lo que vamos a recibir, estímulos morales aparte. Pero con la situación económica actual, en plena época dorada de los bazares chinos de baratillo y las webs de outlet, es como si nos empezasen a cobrar el verdejo a precio de Dom Perignon. Que sí, que al final te embolinga igual, pero como que no es lo mismo, y desde luego no debería costar lo mismo.

Más desazonador aún resulta que no se incluyan en el abono las eliminatorias de ascenso. Cierto que, de clasificarnos, supondrá un buen espaldarazo a la maltrecha economía del club, pero se diría que a la hora de fijar precios se calcula con la más fría lógica matemática, pero cuando toca pedir se apela directamente al sentimiento.

Podríamos aplicar otra lógica, aún más fría incluso, la del capitalismo que dice que es mejor bajar los precios para buscar más clientes. Los alemanes lo hacen, y tienen estadios llenos; en Inglaterra, por ejemplo, el fútbol es un deporte popular, aquí, en cambio, es más bien un artículo de lujo.

Sin embargo, preferimos aferrarnos con el núcleo de irreductibles, que seguirían al club aunque estuviera en regional, porque está claro que el racinguista, más que no mirar los precios, intenta no verlos. Hace como que no se entera de que una camiseta de su equipo cuesta diez veces más de lo que vale, porque para él su valor es incalculable. Pero el problema es que no se puede exprimir constantemente al mismo colectivo, porque llegará un momento en que esa fuente se agote. No hablamos de grandes capitales, sino de simples aficionados para los que los desembolsos suponen un sacrificio, y todo por ayudar a su equipo. Racinguistas que hacen como la coletilla esa del SAD no existiera.

Hace apenas unos meses, esos mismos aficionados realizaron un esfuerzo inmenso, contribuyendo en una ampliación de capital que más bien parece una subvención a fondo perdido, y cuyo gancho eran los descuentos en los abonos de los próximos años. Encarecer esos abonos no parece la mejor manera de expresar agradecimiento por todo ese esfuerzo.

 

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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