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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

El último espejismo

El día en que lo iban a descender, el racinguismo se despertó mirando para otro lado, como si no quisiera prestar la menor atención a la crónica de esa muerte anunciada. Por las calles de Santander, ni una sola bandera del Racing, ni camisetas verdiblancas. Tal vez por eso escocía ver a los cientos de cántabros que ayer por la mañana se vistieron de azulgranas, celebrando una fiesta que a los racinguistas les caía muy lejos.

Y es que ya no quedaba ni esperanza, tras el varapalo del pasado domingo. ¿De dónde sacar ánimos, en este trance, para viajar hasta Albacete? Acompañar al equipo siempre es un riesgo, pero este año además parece una lotería; lo mismo se consigue una victoria épica sobre la nieve de Anduva que se naufraga en el secarral del Zorrilla. Aunque la tónica general, por desgracia, ha sido la decepción. Y después los últimos disgustos –en Ponferrada hace dos años, y hace tres en San Sebastián–, pocas ganas podía haber de ir a sufrir al Carlos Belmonte. Sobre todo, porque el camino de vuelta podría ser un auténtico calvario. Tal vez por eso apenas un par de centenares de incondicionales se atrevieran a seguir al equipo, probablemente el récord negativo de una temporada en la que los racinguistas parecían multiplicarse en cada visita, luciendo por todo el territorio nacional una Gradona portátil que ha asombrado allí por donde pasaba, triunfando de hecho mucho más que el equipo. Además, ¿a qué ir a La Mancha, si donde de verdad nos la jugábamos era en la Nova Creu Alta?

Tampoco vamos a engañarnos: en realidad ya estaba todo perdido. El verdadero disgusto nos lo llevamos la pasada jornada, cuando nos pusieron la salvación como se las ponían a Fernando VII, pero se ve que el inquilino más célebre del Museo de Arte de Santander no es precisamente un talismán verdiblanco.

Bajarnos, nos bajó la Ponferradina, como en 2013. O, más bien, nos descendimos solos, porque, como se pudo oír en las gradas del Molinón hace un par de semanas, «¡En vez de quejarse, haber hecho los deberes antes, ho!».

En cualquier caso, con el Racing nada es previsible. Cuando ya nadie daba un duro por la permanencia, una extraña alineación de planetas hizo que durante más de una hora volviésemos a creer en los milagros.

La idea, en principio, era buscar cualquier distracción, lo que fuera, para no ver el partido del Racing, y así ahorrarse la amplificación del disgusto, porque no es lo mismo estar prácticamente descendido, que ver cómo el pitido final te entierra en los abismos de la segunda B, en un sepelio retransmitido en directo por internet. El que suscribe, por ejemplo, decidió limpiar, más que nada para ocupar la mente en otra cosa que no fuera maldecir al fútbol y sus crueles caprichos.

Sin embargo, hay cosas inevitables; es algo así como cuando te llega el aroma del café, que ya no hay manera de escapar de su fatal atracción. De modo que diez minutos antes de que empezara el partido ya estaba uno pegado al transistor, escuchando la alineación, dando vueltas a que si Fede debería jugar o no, y esas disquisiciones típicas. Luego llegarían los goles del Sabadell y el Racing, y la absoluta incredulidad. Durante una hora, no sólo fue que el whatsapp y los móviles echaran fuego, es que hasta al más escéptico racinguista se le tuvieron que pinar las orejas, y encendérsele la caldera de los sueños, alimentada por el paso de unos minutos que, por una vez, corrían a nuestro favor.

Fue una hora de inquietud, sí; sesenta minutos de creer en lo imposible, en que la fortuna por fin nos sonreiría, porque ni los jugadores ni los técnicos merecían el descenso. Una hora de algo muy cercano a la felicidad.

Lástima, claro, que fuera un espejismo. Como el resto de una temporada en la que siempre parecía posible salvarse, pero en la que, en realidad, como Ovidio Nasar, estábamos más que sentenciados desde el primer minuto.

En fin, tanto remar para morir en Sabadell…

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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