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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

De mala nota

No, nos referimos a los resultados de los partidos tradicionales en las elecciones del domingo –que se han llevado las calabazas de los votantes, como los malos estudiantes–, ni del espectáculo de regateo que va a convertir las casas consistoriales en zocos –yo te doy, tú me votas…– que lo mismo nos depara alguna sorpresa. ‘Pide cambio’, decían los carteles de Ciudadanos en Santander; a ver si ahora que tienen la posibilidad, eligen suerte o muerte, que para acabar igual que siempre tampoco hacía falta cacarear tanto cambio.

En cualquier caso, no es de los ayuntamientos de lo que más se habla estos días, sino de otra tipo de casas, las de malvivir. El truculento suceso de ‘La Selva Negra’, con su poquito de lenocinio, de violencia, de drogas y suponemos que hasta de rock and roll –o de rumbas, que vaya a usted a saber qué banda sonora le pusieron a la farra– se saldó con un muerto y dos detenidos, que a punto estuvieron también de perder el cuello. Uno de esos casos que vemos a diario en películas y series de televisión, pero que fuera del recinto de la ficción, y a tan pocos metros de nuestra propia casa, como que tienen mucha menos gracia. No es lo mismo, desde luego, el vicio en Las Vegas o Miami que en la recta de Heras; como que lo que en pantalla se nos hace glamuroso, y aquí lo vemos más bien lleno de roña y chinches.

Y sin embargo, esa realidad degradada y repelente la tenemos aquí mismo, aunque parece que no la viéramos. Debe de ser algún tipo de miopía selectiva el que nos impide percatarnos de que a nuestro alrededor existe un mundo invisible, cuyas verdaderas dimensiones desconocemos, en el que todo tiene precio. Basta con dar una vuelta en coche por el extrarradio de Santander para toparse con una decena de clubes, curioso eufemismo que ha terminado por convertir las casas de putas de toda la vida en los puticlús que pueblan nuestros chistes.

Aunque gracia, la verdad, tiene más bien bastante poca; se trata de un submundo al margen de la legalidad, un limbo que, a ojos de los buenos ciudadanos, ni siquiera existe, pero que por un lado mueve una ingente cantidad de dinero, y por otro suponen un auténtico martirio para las que se llevan la peor parte, las mujeres que se ven abocadas, cuando no forzadas, a trabajar allí. La cuestión moral es algo aparte, absolutamente personal, pero convertir hacer negocio con la degradación de los demás es algo por completo inadmisible en un mundo que busca la igualdad y la justicia.

Lo verdaderamente triste no son las reyertas y la crónica negra; lo deplorable es que aún existan los clubes de carretera. Por mucho humor con que queramos mirarlo.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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