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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

El botón del pánico

Admitamos para empezar que, si el Racing estuviera una situación normal, ayer mismo el presidente –no el actual, sino cualquiera en su puesto- hubiera pulsado sin dudarlo el ‘botón del pánico’, ese recurso de urgencia de los clubes de fútbol cuando se pasa un punto sin retorno y, antes de que el problema pase a mayores, el inquilino del banquillo sale propulsado como si fuera un asiento eyectable, de esos de los aviones de combate. Que tenga o no paracaídas ya es otro asunto, pero que habría salido volando es indudable.

Y no es que uno pretenda reconvertir a Paco Fernández en hombre bala, pero el calendario corre de manera inexorable y con cada derrota la permanencia se va alejando hasta convertirse en un sueño muy difícil de alcanzar.

La responsabilidad, obviamente, no es de Paco, o no en exclusiva; ¿quién sabe a qué se debe que el balón dé en el palo en vez de entrar, o que tu lanzador más fiable yerre un penalti decisivo, o que el rival aproveche tu único desliz defensivo? Pero que el fútbol es injusto no vamos a descubrirlo ahora, y aunque ahora toque tirar de tópicos –‘la cuerda siempre se rompe del lado más débil’ o ‘es más fácil cambiar al entrenador que a la plantilla’–, lo cierto es que por algo existen esos tópicos, y cuando realmente llegan las vacas flacas, más que en la elegancia hay que pensar en la supervivencia.

Sin embargo, ni esta es una situación ‘normal’ ni el Racing es un club cualquiera, para bien o para mal. Asfixiados en lo económico y al borde del abismo en lo empresarial, bastante mérito tiene el trampear para aguantar hasta final temporada, por si acaso llega un milagro en forma de inversores. Pero si además te administra una directiva de transición, que no ha sabido conectar con la afición, a ver quién está legitimado para mirar a la cara a un profesional que se ha convertido en mucho más que un entrenador y enfilarle hacia la pista de salida. Porque, en medio de la crisis institucional, el peso de un consejo poco dado a la transparencia ha diluido de tal manera la figura del presidente, que de cara al racinguismo el verdadero hombre fuerte del Racing en los dos últimos años ha sido Paco Fernández. Para el sentir popular, a él debemos tanto la revolución de 2014 como el ascenso, además del milagro de que no se desintegrase la plantilla cuando empezó a escasear el dinero. Por eso no es de extrañar que una buena parte de la afición sienta por Paco auténtica devoción, más que justificada; el problema es que el agradecimiento por los servicios prestados pueda significar hipotecar el futuro.

La realidad, por tanto, es que ni se va a despedir a Paco ni se debería hacerlo: por un lado, sería una locura para las arcas del club, y una irresponsabilidad meterse en ese dispendio cuando los trabajadores llevan meses sin cobrar; por otro lado, no hay nadie legitimado para echar a un míster que se está dejando la vida –o al menos, el patrimonio– por este equipo. La legitimidad la daría tener un proyecto alternativo y apoyado por una mayoría significativa del racinguismo, pero ese momento –el de los exjugadores– aún no ha llegado.

Así que, por el momento, y mientras no reaparezca Nando Yosu, si no queremos esperar a ver cómo se hunde el barco, no queda otra que reeditar el clásico del presidente bajando a vestuarios. O ceder el testigo a un nuevo grupo directivo, y apoyarles en la lucha por la salvación. Si ya lo dijo Lola Flores, ¿no lo recuerdan?: «¡Si me queréis, irse!».

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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