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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

La pista griega

Desde la caída de Constantinopla no se asustaba tanto Europa por lo que ocurría más allá de Los Balcanes. Claro que, por entonces, cuando se empezó a gestar la batalla de Lepanto, eran otros tiempos. Una época en la que las diferencias se dirimían por tierra o por mar, con la espada o el arcabuz en la mano, y cara a cara.

Eso si, entonces, como ahora, lo que ocurra en el confín de Occidente afecta sin remedio al resto del continente, y de qué manera.

Y es que viendo las remojadas barbas de los partidos tradicionales, a los neoconservadores y socialdemócratas de toda Europa les está entrando un tremendo tembleque, no sea que prenda también la mecha del descontento en el resto de ‘paraísos neoliberales’ de la Unión.

Porque, lo miremos como lo miremos, la UE se ha cebado con Grecia. Y no con sus poderes políticos, con sus agentes económicos o con sus grandes fortunas –que quién sabe, e importa bastante menos–, sino con sus ciudadanos, que son lo que se esconde detrás de cualquier topónimo grandilocuente, por mucho que lo adornemos con himnos y banderas. Los ‘ajustes’ de la temida troika más bien consistían en apretar las tuercas de la miseria a un sociedad angustiada por el fantasma de la bancarrota. Los despidos masivos, los salarios del hambre y la incertidumbre frente a un futuro cancelado desde Berlín –por mucho que fuera vía Bruselas– convirtieron a todo un país en una especie de laboratorio de pruebas macroeconómicas, que sólo han servido para confirmar la escalofriante sospecha de que el neoliberalismo, más que asimetría, produce básicamente pobreza, con el efecto secundario de engordar hasta la obesidad mórbida a los peces ya gordos. Las recetas de los sabios de la economía, de los salvadores de los privilegiados, han conseguido mantener el crecimiento sostenido de los que ya dominaban el mundo; en cambio, no habían previsto que detrás de las estadísticas, debajo de cada muesca en las listas del paro, había un ser humano. Personas que sufren, que tienen familias y necesidades, y que gracias a un invento griego de hace tres milenios y a varias revoluciones sangrientas tienen derecho a votar y a elegir, en la medida de lo posible, cómo se organiza el mundo en el que viven.

La Europa del capital quiso triturar a toda una sociedad, para que encajase en sus parámetros contables. Tras un lustro de padecimientos, los ciudadanos han decidido desmontar el sistema, con la fuerza de la democracia. Seguramente, su camino estará lleno de emboscadas, y es posible que no logren cambiar demasiado pero, aunque todo salga mal, habrá sido el último atisbo de romanticismo en este mundo de unos y ceros.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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