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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Dobles

Elena Castro es una científica que investiga los complicados entresijos del cerebro humano. Sabe, como enseña la tradición popular, que no hay personas iguales, pero a punto estuvo de refutar esa pseudoley universal cuando en una acera de Santander una mujer la abordó, tras observarla con detenimiento, para comprobar fehacientemente no se trataba de la hija de la propia señora, que en esos momentos estaba Bilbao y que, en efecto, ni es Elena Castro ni tiene nada que ver con ella. Porque lo realmente asombroso es que una madre, por mucha vista cansada que le hayan propinado los años, conoce a sus hijos hasta por los andares, de modo que semejante confusión sólo podía deberse a un parecido extraordinario. Así que, desde entonces, la investigadora sabe que, en cualquier momento, podría coincidir con su doble, o al menos con una réplica tan parecida a ella que podría llegar a suplantarla incluso ante su propia familia.

El asunto de los dobles, aunque no resulte demasiado científico, es algo que preocupa a la humanidad desde mucho antes de que se le pusiera nombre a conceptos como la alienación o el ‘doppelgänger’, que tanto juego han dado en el cine, la literatura o incluso las teorías políticas, que tan a menudo vienen a ser otra forma de ficción. En la luna de Cyrano, por ejemplo, todos teníamos nuestro duplicado, y era creencia popular no hace tanto tiempo el que todos teníamos a nuestra copia pululando por las antípodas, idéntico a nosotros sólo que cabeza abajo.

La naturaleza, claro, ya se las ingenió mucho antes de la oveja Dolly para clonar personas mediante los caprichos de la genética, una lotería que hace que dos hermanos puedan parecer de planetas distintos, y quedarse uno con todos los rasgos físicos atractivos y el otro con una desazón que disfraza de superioridad intelectual, aunque tiende más bien a repetir ciertos patrones familiares, como si hubiera un molde que aplicase, generalmente para desesperación de los agraciados con una dinástica nariz aguileña o con la calva del bisabuelo, que suele ir pasando de generación en generación sin que ningún tónico mágico consiga ponerle remedio.

Más inexplicable, sin embargo, es toparte con un doble sin parentesco; cuando me aburro en las estaciones o aeropuertos, suelo entretenerme buscando réplicas de Groucho Marx o de Woody Allen. Y tan grande es el poder del séptimo arte, que casi siempre acaba apareciendo alguno.

Otra coincidencia, mucho más habitual, es descubrir que existe otro tú con el que sólo compartes nombre y apellidos. Lo malo de eso suele uno enterarse en trámites más bien dolorosos, los que tienen que ver con reclamaciones, justicias y recaudaciones varias.

Y es que, en el fondo, uno no sabe si sería mejor o peor toparte con ese doble perfecto, con el que poder intercambiarte como gemelos traviesos. Aunque seguro, que más de uno, cambiaría su vida a ciegas.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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