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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Cuando deslumbra el ocaso

Las estrellas de cine no mueren en Liverpool
Film Stars Don’t Die in Liverpoolaka  2017 106 min. Reino Unido.
Dirección: Paul McGuigan. Guion: Matt Greenhalgh (Memorias: Peter Turner).
Música: J. Ralph. Fotografía: Urszula Pontikos.
Reparto: Annette Bening,  Jamie Bell,  Julie Walters,  Vanessa Redgrave,  Stephen Graham, Leanne Best,  Kenneth Cranham, Frances Barber,  Tom Brittney,  Ben Cura, Bentley Kalu.
Género: Drama | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Hay algo detenido, intemporal y a la vez fugaz en este retrato de un amor que se declara íntimo, pero grande y sincero. Además es la representación de una época con fecha de caducidad y el simbolismo del ocaso en todo su resplandor. El amor, en fin, susurrado frente al ruido. El Hollywood clásico, el espectáculo a veces sin clase y el teatro de siempre. Y el glamur, el polvo de estrellas y la fascinación frente a la vulgaridad. Es verdad que le falta quizás un soplo más al filme de Paul McGuigan para elevarse definitivamente, pero no es menos cierta su elegancia innata, su delicado poso que doma a la pose afectada que lleva dentro y su esteticismo, muy calibrado, pero que mece la retina del espectador como si fuese un último vals. ‘Las estrellas de cine no mueren en Liverpool’ perfila un romance, el que vivió el joven actor Peter Turner con la actriz y mito del cine Gloria Grahame en la última etapa de su vida. Como una especie de bucle de labios, temores al amor quebradizo y sueños de estrella en decadencia, casi apagada, el filme se construye sobre un encadenado de flash back y transiciones que revelan no tanto los entresijos de aquel amor como el desmayo y lo efímero de una manera de entender la vida. El director de ‘El misterio de Wells’, fogueado como realizador televisivo, logra empapar el filme de un perfume sutil, unido por elegantes travelling, a modo de paseo por el amor y la sombra de muerte, mientras una actriz (inexplicablemente poco pródiga) como Annette Bening despliega todo su encanto. Seduce este encuentro crepuscular en forma y fondo que obliga a asentar la mirada, evocar el blanco y negro y respirar. A su lado Jamie Bell consigue la empatía del espectador desde la inocencia y el descubrimiento, pese a que quizás el filme pierda rotundidad en su último tramo cuando cubre su estilizada sutileza, entre lo cautivador y la emotividad, de una capa de melodrama. Calidez y ternura, tristeza y destello se combinan en esta ronda de dos criaturas casi opuestas, unidas por la interpretación, que buscan cómplices ese punto de locura para extraer todo el jugo de la vida. La composición evocadora de la actriz de ‘Los sobornados’ de Lang, que logró un Oscar por ‘Cautivos del mal’ de Minnelli, es un melancólico arrebato de amor dentro de un sueño hacia el fin de la noche. En lo que fija la mirada el filme es en el crepúsculo de la diosa en su exilio británico, como una Norma Desmond bajando las escaleras de la vida. Apenas unas menciones a su turbulento pasado. Y quizás por esa razón la película impone su elección frente a lo que hubiese sido un caducado y manido biopic. Ya se lo dijo Bogart a Grahame cuando eran vecinos: «No te preocupes. Mantente en la oscuridad. La cámara siempre va a ir  hacia ti». Y esta vez, gracias a Miss Bening, ha vuelto a suceder.

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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