2017 103 min. Suecia. Dirección: Janus Metz Pedersen.
Guion: Ronnie Sandahl. Música: Vladislav Delay, Jonas Struck.
Fotografía: Niels Thastum. Reparto: Sverrir Gudnason, Shia LaBeouf, Stellan Skarsgard, Tuva Novotny, Marcus Mossberg, Leo Borg, Robert Emms.
Género: Drama | Salas: Cinesa y Peñacastillo
La vida como una pista. A cada lado de la red una raqueta, una manera de torcer el cuerpo, un golpe, una mirada, una reacción, una muerte súbita, todas diferentes, opuestas, enfrentadas, en colisión y en combate. Antes de Nadal y Federer, aunque no lo parezca, ya había tenis. Del duelo fraticida que mantuvieron el sueco Björn Borg (encarnado por Sverrir Gudnason) y el norteamericano John McEnroe (Shia LaBeouf), un enfrentamiento legendario de la historia del deporte, se nutre esta opera prima contundente, madura, sin tregua, incluso original, que golpea una y otra vez del revés sobre la línea esperando que alguien devuelva la pelota. Que nadie crea que estamos ante una recreación casi documental de una rivalidad, explícita en un partido, el de Wimbledon en 1980. Tampoco es un doble biopic de biografías cruzadas de dos de las leyendas de este deporte. Nada de ello toma las riendas en este golpe paralelo que el cineasta Janus Metz plantea para ganar el punto, el juego en blanco y el set a la hora de adentrarse en las raíces, el retrato y las miradas de dos criaturas que expresan otras tantas forma de rebeldía. El partido de la vida sobre la pista del mundo es un juego de historias entrecruzadas que componen un macht point sin fisuras, un ejercicio rupturista, dos voces que tan pronto representan un hondo pero elocuente silencio como un grito de desesperación contestataria. El montaje, un continuo y progresivo ace que saca de la pista hasta el más ajeno a este deporte, alterna la frialdad del sueco con la visceralidad del estadounidense y revela el cambio de papeles a medida que la cámara/raqueta golpea desde dentro o fuera de la pista. Un filme inteligente, que ahonda en los perfiles psicológicos y que se mueve con destreza y extraña sencillez tanto en la recreación de algunas jugadas y momentos decisivos como en la selección de estampas, pasajes y relatos de unas vidas que, al contrario de lo habitual, persiguen evitar la red. El ritmo, el apoyo en la música, el paréntesis en los primeros planos de ambos tenistas y el juego coral de quienes le rodeaban o intentaban moldearlos constituyen un ‘grand slam’ cinematográfico de verdadera dificultad, afrontada con pericia. Además los trabajos de Gudnason, apoyado en su físico casi réplica de Borg , y el aún más difícil trabajo de Shia LaBeouf, refuerzan la bola de ruptura que el filme busca constantemente para ir más allá del mero documental y la crónica. Su claridad expositiva, su vocación de estilo sin que ninguna de la dos resulta pretenciosa o chillona, tiene otra cualidad: el filme apasionará a quien es devoto del tenis y gustará a quien viva ajeno a este deporte. Una virguería formal y un duelo de infiernos interiores y frías distancias. Un verdadero thriller sobre cómo el triunfo y el fracaso, la decepción y la plenitud, lo mental y lo social se mueven en una línea que muchas veces necesita del ojo de halcón para dilucidar sus frutos.
Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana
Sobre el autor
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.