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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Un pastiche muy aseado

Kong: la isla calavera
EE UU. 2017. 120 m. (12). Thriller.

Director: Jordan Vogt-Roberts.

Intérpretes: Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman, John C. Reilly yToby Kebbell .ak..

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Su arranque no deja dudas. Un arrebato efectista de catástrofe festiva y apelación a la espectacularidad. A partir de ahí con sentido de noria y montaña rusa hombre y naturaleza, King Kong y Samuel L. Jackson, se miran a los ojos en un duelo primario al que el joven cineasta Jordan Vogt-Roberts  impregna de humor para que el blockbuster de adrenalina y bacanal explosivo parezca otra cosa. El mito de la bestia primigenia, la idea de un dorado primitivo y ancestral que nos reconcilie con nuestra identidad, la fuerza de la naturaleza y la esencia de la aventura se funden en ‘Kong: la isla calavera’, una revisitación de todo aquello que huele a fundacional con vocación nada simulada de pastiche muy aseado. Con mirada inteligente hasta donde puede mostrarse libre, el director de ‘Los reyes del verano’, entre coqueteos con la televisión, firma aquí su segunda película en la que subyace un trasfondo de autoría. En este mapeo cinematográfico uno puede jugar a la búsqueda del fotograma reconocido. En su apariencia y con mucha potencia visual el talento del cineasta radica en disfrazar los estereotipos, combinar con sabor a homenaje y devoción sin hacer pasar gato por liebre –aquí sería lagarto por gorila- un agitado encuentro insular de científicos ambiciosos, militares frustrado, buscavidas y oportunistas. La miscelánea es un cóctel grasiento en el que ‘Apocalipse now’ se cruza con ‘Platoon’, ‘Viaje al centro de la tierra’ con ‘Jurassic Park’ y ‘Alien’ con ‘Godzilla’. El filme zarandea a Kong y de paso remueve nuestra retina acomodada mediante movimientos espasmódicos de género y de humor asociativo. Se viste de serie B para crecer como fábula que llama al entretenimiento, la perfección digital, el lado lúdico festivo y el rugido de lo primario. Ciencia y mito fundidos en un Kong homérico que no sale de su isla convertida, eso sí, en un parque temático dirigido por Julio Verne y con abonos que permiten montar en arañas gigantes y abrazar pulpos de tentáculos interminables. Plena de guiños pulp, posee una claridad reveladora de la capacidad para la inventiva visual de la que hace gala el director. Hay muchas concesiones posteriores al canon del entretenimiento global, es cierto, pero el espíritu del fantástico y el sentido de la aventura presentan su piel intacta. Es un King Kong que sin apartarse del todo de sus hermanos mayores se muestra intenso al ambientarse de manera inteligente en una época tan convulsa como las bocanadas de la guerra del Vietnam, con todas sus connotaciones generacionales. Música, frustraciones, drogas, perdedores, contracultura.. mucha colisión entre el escepticismo y el asombro de la que tira este viaje al corazón de las tinieblas con un John Goodman inmenso y mucha calavera espontánea. ‘El mundo perdido’ y ‘La isla misteriosa’ ilustradas con profusión imaginativa, muchos toques humorísticos (mejor los visuales que los diálogos) y una sentencia que pulula por el filme como un mandamiento rotundo: los monstruos existen. La conexión Nixon-Trump es perversa. Uno prefiere abrazar al gorila, también superviviente de otra guerra injusta. Suban al helicóptero y disfruten aunque esta vez en lugar de walkirias suenen Black Sabbath y Creedence Clearwater Revival.

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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