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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Olas que no rompen

La luz entre los océanos

The Light Between Oceans 2016 130 min.Coproducción

Director: Derek Cianfrance

Guion: Cianfrance (Novela: M.L. Stedman).

Música: Alexandre Desplat.

Fotografía: Adam Arkapaw. Reparto: Michael Fassbender, Alicia Vikander, Rachel Weisz, Bryan Brown.

Género: Drama. Sala: Bonifaz. Filmoteca. Esta semana.

 

En su anunciado temporal cabe el presagio de una profunda herida. En el haz de luz del faro que alumbra la historia se manifiestan las huellas de esos claroscuros que configuran la condición humana. Y en la geografía de soledad, mar de fondo y resaca asoma un lacerante relato de azar y destino cruzado por el dolor. Y sin embargo, nunca vemos romper las olas. Parece increíble que una película que fundamenta su esencia en el reparto integrado por tres de las estrellas más deslumbrantes de los últimos años, que clava su ficción en un paisaje hermoso, incluso deslumbrante, y que construye su ficción con una factura intachable, sea incapaz de impregnar la pantalla de desgarradura y conmoción. El cineasta de ‘Blue Valentine’, Derek Cianfrance, nunca logra que el amor romántico y el maternal que atraviesan ‘La luz entre los océanos’ llegue a cegarnos. Su incapacidad para mostrar el oleaje de la pasión es notoria. El filme se desliza resbaladizo sobre la epidermis del melodrama más acumulativo y resabiado, sin que la sutileza dramática, la hendidura que exuda verdad salgan de los poros de sus imágenes, o sangren a través de los personajes. Su oscilamiento antes del naufragio hace que la historia de esta pareja, que busca suplir sus carencias emocionales en la oportunidad que le brinda el azar de la marea, nunca acabe de definirse entre esa mirada existencial nórdica y la obra de género. Son actores excelentes, el paisaje crece sobre la narración y todo lo que sucede es grave y profundamente desolador, pero apenas se logra superar su postal y el retrato superficial. Al trauma personal, el peso del pasado, el aborto y la soledad, entre otros territorios que no deben desvelarse, el filme solapa abusos dramáticos en busca de la lágrima fácil y se olvida de ahondar en la dimensión emocional sin que el trayecto de angustia y desgarro adquiera una sombra de sinceridad y lucidez. El y ellas se limitan a poner caras mientas la espesa sensiblería cubre como un manto cualquier atisbo de coherencia y de pausa, de latido y de convivencia lógica en lo oscuro. Muy lejos de ‘Leyendas de pasión’ o de ‘La mujer del teniente francés’, el filme aspira a ser tan elegante como ‘Tierras de penumbra’ pero se queda a medio camino y ni logra dibujar el drama de época ni consolidar esa explosión de melancolía y redención. El preciosismo de la naturaleza y la aflicción de la pérdida nunca se abrazan ni por hechizo ni por complicidad. Las encrucijadas sentimentales, la decadencia moral colisionan con la afectación y la ambigüedad de un tono pretencioso. Falta, como diría Lars von Trier, que rompan las olas sobre el dique resquebrajado que protege nuestros respectivos faros de culpa y perdón. No nos vendría mal a todos, también al director, revisar las estancias donde Douglas Sirk situaba su cine.

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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