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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Desde la ventanilla

La chica del tren

EE UU. 2016. 112 m. (16). ‘Thriller’.

Director: Tate Taylor.

Intérpretes: Emily Blunt, Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans, Edgar Ramirez, Justin Theroux.

Salas:  Cinesa y Peñacastillo

La historia es de cercanías, encrucijadas y estaciones fantasmas. Pero su visualización se ha quedado en lejanías, vías muertas y confusos trayectos de alta velocidad. Lo que se ve es pasional e intenso pero lo atisbamos desde la ventanilla, todo alejado, frío y adivinando el disturbio. ‘La chica del tren’ discurre entre el thriller tibio que no es y una atmósfera híbrida de enigma existencial que le queda grande. Hay sombras de Hitchcock, cómo no, aunque eso también es un espejismo. Y un empeño en dotar de extrañeza y tinieblas a una historia muy humana de alcohol, infidelidad, soledad y obsesión carnal, deseo y sombra de muerte. Subyace algo que parece pedir a gritos una intensidad poética sobre la condición humana pero la máquina que va detrás, no delante, tira de la trama hacia otro lado. Estamos ante un melodrama fácil de acoso y perdición, de juguete criminal televisivo. Todo lo que apuntaba hacia un paisaje de drama turbulento y feroz se queda en mera postal pasajera de enigma, de incógnita sobre quién mece la cuna, e intrusa persistente. El filme, enmarañado, persigue crear una tela de araña con saltos de rana en el tiempo y pasajes diluidos, pero a cambio va perdiendo por el camino cualquier amago de pulso y tensión dramáticas. Tate Taylor, cineasta de ‘Criadas y señoras’ y ‘La historia de James Brown’, con cierta inclinación por los personajes femeninos, acierta de pleno con las actrices, lo mejor de esta historia que destila cierto aire de desgana. Una cinta que se enroca en el trastorno y en intentar dotar de quemazón misterioso a una trama de soledades incrustadas en el corazón del sistema social, entre rupturas matrimoniales y descomposiciones particulares con lo que uno sólo puede permitirse añorar a Chabrol. El gancho voyeurista da paso a la falta de empatía. Tras el cambio de ciudad respecto a la novela, una buena utilización de los escenarios urbanos y el cuidado de algunos diálogos descriptivos se incorporan a la adaptación de la obra de Paula Hawkins. Pero ‘La chica del tren’, más allá de arrastrar el flujo del best seller, es un artefacto forzado y afectado si se compara con la excelencia en la caligrafía de ‘Perdida’ de David Fincher. Los juegos mutantes narrativos, los flashbacks y la diversidad de puntos de vista son a priori un material atractivo, aquí convertido en una jaula con escasa claridad y una apelación al exceso apara alargar el metraje. Sólo la elegante presencia de Emily Blunt sostiene este círculo de sombra y de sombría amenaza al que se le ven las costuras y el andamiaje. Lo que se promete visualmente no se cumple, lo que se presagia es traicionado. Así hasta el retorcido tramo decisivo. Lo que hubiera sido un viaje a la decepción se convierte en un pequeño paso a nivel de suspense adormecido.

Temas

chica, trailer, tren

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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