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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Fábula con joya dentro

JOY
EE UU. 2015. 124 m. (7). Biográfica. 
Director: David O. Russell. Intérpretes: Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Bradley Cooper, Isabella Rossellini


 

Quizás se revela demasiado estilizado y, por contra, algo desmayado. Es 
más interesante que arriesgado, más sutilmente ácido y resultón que 
profundo, pero este melodrama en negro y rosa lleva dentro una diosa: 
Jennifer Lawrence. Y ella hace lo que quiere y cuando quiere. El resto 
es envoltorio, entre decisiones caprichosas, muy buena mano de pintura y 
algunos momentos teñidos por un enérgico pulso narrativo y golpes de 
ingenio. ‘Joy’ en apariencia es el biopic de una humilde trabajadora, 
inmersa en una familia absorbente. El relato de cómo la joven saca 
adelante sus ideas e inventos, una fregona como estrella, es tan solo la 
fachada. La hondura y la sutileza asoman a través del retrato en 
femenino singular de una mujer que vive entre las fantasías ensoñadoras 
de su abuela y la fe en que puede cambiar todo su alrededor por muy 
pesada que sea la carga. Hay una traslación metafórica, casi de cuento, 
del sueño americano como mentira oficial pero también como eje soberano 
y friso constante de una mirada sobre el mundo. ‘Joy’ es Capra de algún 
modo, pero en su reverso David  O. Russell da la vuelta al calcetín de 
las ilusiones, desgarra las formas y muestra las grietas de la 
frustración y el fracaso. Una vez más es Lawrence, inmensa, quien mece 
la cuna. El cineasta de la sobrevalorada ‘La gran estafa americana’ 
incide en un reparto muy similar al de ‘El lado bueno de las cosas’ e 
incluso insinúa la consolidación de una cierta tetralogía de la sociedad 
estadounidense en su filmografía. Sin embargo ‘Joy’, juguetona y algo 
deslavazada, es irregular y mientras el encaje narrativo de la banda 
sonora resulta acertado, la hipérbole de esa familia convulsa, 
peripatética y caótica no encuentra su verdadero lugar. La actriz reposa 
sus matices, restriega su presencia cuando el entorno es melifluo, se 
apodera de la cámara con sinuosa voracidad y es pura seducción. Asume 
los cambios de tono y esquinazos emocionales para exprimir la comedia 
dramática cuando a Russell no se le levanta la inspiración. La 
transmutación de géneros, no tan lograda como en otros de sus filmes, se 
compensa con el magnetismo de la intérprete. Toda la exuberancia y la 
aspereza reside en la luminosidad de Lawrence que logra dotar de verdad 
la desigual y algo petulante caligrafía del cineasta de ‘Tres reyes’ 
cuando se dispersa en las posibilidades poliédricas de su criatura.  
Todo se vuelve en ocasiones tan excéntrico como naif, tan huidizo como 
artificioso, pero Lawrence, heroína propiamente dicha, ordena el caos y 
camina firme con sus gafas de sol apagando lo que solo eran destellos. 
Si sus tontas caídas sobre las alfombras rojas del mundo no son un 
símbolo del destino, esta actriz maleable que aún da sentido a la 
fotogenia será la gran diosa de Hollywood durante los próximos quince años.

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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