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Teresa Cobo

La Engaña

Entre rocas, de Trespaderne a Oña

Edificio de viajeros de la estación de Trespaderne, rehabilitado como albergue.

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Atravesamos el Desfiladero de la Horadada por donde lo hizo el tren y en compañía del río Ebro

La ruta del Santander-Mediterráneo, de 9,5 kilómetros, concentra trincheras, túneles y puentes

 

Seguir las huellas del ferrocarril Santander-Mediterráneo entre Trespaderne y Oña garantiza el disfrute, por la grandiosidad del paisaje, pero exige precaución, por la inestabilidad del suelo que se pisa, cubierto de la basta e irregular grava sobre la que se asentaron los raíles y traviesas desmanteladas a partir de 2003. La antigua caja de la vía discurre entre los imponentes cortes de roca del Desfiladero de la Horadada. El río Ebro, de aguas verdes, nos acompaña en este tramo de 9,5 kilómetros que es un compendio de las obras ferroviarias acometidas a lo largo de toda la línea para salvar los accidentes naturales: trincheras, túneles y puentes.

Entre tanto día de sol y calor, este 19 de agosto ha amanecido con un excepcional nublado. Salimos de la estación de Trespaderne, que ha sido rehabilitada para acoger el Centro de Interpretación Arqueológica del Desfiladero de la Horadada y un albergue. Los edificios de pasajeros y de servicios y el almacén lucen en sus fachadas la piedra desnuda, liberada de cemento y pintura. La estación está en el punto kilométrico (PK) 321,5. En este trayecto, que iniciamos en sentido a Calatayud, donde se situaba el kilómetro 0, se conservan muchos de los indicadores verticales que marcaban el kilometraje cada cien metros. La línea de casi 367 kilómetros, tendida por la Anglo Spanish Constructions Company entre 1925 y 1930 en un tiempo récord, funcionó hasta el 31 de diciembre de 1984 entre el pueblo burgalés de Dosante y la citada ciudad zaragozana, donde enlazaba con el ferrocarril Central de Aragón para llegar al puerto de Sagunto, en el Mediterráneo. Por el otro lado, el proyecto quedó varado en tierras burgalesas y nunca alcanzó Santander. El tramo entre Trespaderne y Oña aún estuvo activo muchos años después de la clausura del ferrocarril, ya que servía de itinerario a un tren turístico, el Merintren o Tren de las Merindades, de la Asociación Burgalesa de Amigos del Ferrocarril (Abuaf).

A doscientos metros de la estación, la vegetación se cierne sobre la antigua vía, que se estrecha, invadida por altos juncos y plantas propias de zonas húmedas. Enseguida llegamos al paso a nivel (PN) del PK 320,9, que conserva, roñosas, las viejas señales que advertían de la presencia del tren. A partir de aquí, la explanación se ensancha, cubierta de un abundantísimo balasto. Resulta molesto caminar sobre piedras sueltas y desiguales, lo que obliga a poner un ojo en el suelo, a pesar de que el formidable paisaje merece que mantengamos los dos en alto. Con la carretera N-629 a la izquierda, avanzamos hacia el desfiladero.

Túnel de Valdecastro, de 66 metros, en el arranque del Desfiladero de la Horadada.
Puente metálico sobre la N-629 adosado al puente volado sobre el río Ebro.

En el PK 320,3, llegamos al primer túnel de los seis que encontraremos en el recorrido, todos cortos. Éste es el de Valdecastro, mide 66 metros y horada una voluminosa mole de roca. A doscientos metros de la salida de la galería, cruzamos un impresionante puente metálico, en realidad son dos, unidos sin solución de continuidad. El primero es un paso sobre la carretera N-629 y, adosado a él, el segundo es un puente volado sobre el Ebro, cuyas aguas verdes vemos correr abajo a través de los huecos que median entre las traviesas.

Después de dejar el puente, el río, que fluye por la derecha, nos acompañará en todo el recorrido. Nos adentramos en la Sierra de la Tesla, de vertiginosos cortados. Un cartel advierte de que estamos en un área de reproducción de especies protegidas (sobre todo, aves rapaces) y prohíbe molestar a la fauna silvestre bajo amenaza de sanción. Puntas de roca asoman a la vía como proas de buques gigantescos. Atravesamos una sucesión de paredes verticales y trincheras, como Las Viñuelas y La Callejuela. En el kilómetro 319 dejamos atrás, a la izquierda, las ruinas de una caseta de servicio. A tres kilómetros y medio del recorrido, la maleza estrecha la senda en algunos tramos, pero sin interrumpirla. Atravesamos un bosque de pinos, robles, olmos y demás especies arbóreas. Revolotean por todo el trazado mariposas variadas y vistosas de pequeño tamaño.

En el PK 317,6, a la izquierda, hay un bonito muro de contención en tonos tostado-rojizos y, doscientos metros más allá, al mismo lado, otra pared, en este caso de piedra grisácea. Entre ambos muros vemos las ruinas de otra caseta.

En el PK 316,0, cruzamos el túnel de la Horadada, el más largo del trayecto, con 282 metros, y el único que requiere del uso de linterna. A la salida, el Ebro corre entre la explanación ferroviaria y una pared de roca gris. Entre los PK 315,1 y 314,9, la caja de la vía atraviesa campos de alfalfa sobre los que descansan fardos de paja rectangulares y, enseguida, en el kilómetro 314, el camino se cierra asediado por la maleza. Entre cardos y matorrales, a duras penas llegamos a un antiguo paso a nivel sobre un camino flanqueado por huertas que conduce al palacete de Santé. Al otro lado, aparece un muro vegetal donde debería estar la traza del ferrocarril. Un cartel nos advierte de que estamos en una propiedad privada, pero no hay más remedio que atravesarla para retomar más adelante la caja de la vía, clausurada es este trecho por la espesura. Hacemos una parada para liberarnos de las bolitas de pinchos que se han adherido como lapas a calcetines, cordones y pantalones. Nuestros pies parecen invadidos por una plaga de hormigas carnívoras. Una vez despegadas las adherencias vegetales, reanudamos la marcha por un camino particular que pasa por delante del palacete, con dos torres y un pabellón central, y atraviesa un bosque de pinos, espinos y quejigos, un coto privado de caza.

La vegetación se espesa hasta cerrar la caja de la vía en el kilómetro 314.

El camino de Santé muere en la carretera a Villanueva de los Montes que, hacia abajo, desemboca en la carretera N-232, pero justo antes atraviesa dos puentes, uno, el último, sobre el río Oca, y el anterior  no es sino un paso superior sobre la antigua vía del ferrocarril desde el que vemos, por el lado izquierdo, la boca del túnel de Valdamí, entre dos paredes de roca. Descendemos a la explanación ferroviaria por unas escaleritas que forman parte de la pasarela del GR-1006. Una señal de este sendero turístico colocada a la salida del puente marca 1,8 kilómettos hasta Oña.

 

Entre dos paredes verticales de roca, el túnel de Valdemí, visto desde un paso superior.

Desde la boca del túnel de Valdamí, que mide 42 metros de largo y se abre en el PK 313,5, vemos ya la del túnel de la Blanca, a menos de 300 metros de distancia y con una longitud de 187. Cruzamos ambos túneles y, a la salida del segundo, pasamos bajo el puente nuevo de la carretera N-232. A cien metros, encontramos un puente volado sobre el río Oca, un afluente del Ebro, y, tras cruzarlo, llegamos al paso a nivel sobre la antigua carretera N-232, desde el que vemos la boca del túnel de los Llanos, de 84 metros, y, a la izquierda, la pequeña casa del guarda, con las inscripciones 313+083 del kilometraje en la fachada. Está abandonada.

Boca del túnel de Los Llanos, con la caseta de la guardería del paso a nivel a la izquierda.

Entramos en el último kilómetro del recorrido por el Desfiladero de la Horadada y, en este tramo, el río Oca y la carretera N-232, que hasta ahora nos han acompañado por la derecha, vuelven a quedar a la izquierda. A la derecha se levantan las peñas. En el PK 312,5, cruzamos el último de los seis túneles, el de La Rasa, de 69 metros.

El acceso a la estación de Oña, situada en el PK 312,0, está cortado por los trabajos de construcción de una depuradora, pero sorteamos la barrera y atravesamos la obra hasta llegar a los andenes. Los edificios de pasajeros, de servicios y de almacén están rehabilitados, con las fachadas pintadas de color azul violeta, y forman parte del Centro Deportivo Gregorio Moreno, que lleva el nombre del fallecido exdirector de la Vuelta a Burgos. Dejamos atrás el Ebro y el Desfiladero de la Horarada y subimos a Oña para visitar esta ciudad monumental perfilada por sus dominantes edificios religiosos del románico.

Edificio de viajeros de la estación de Oña, recuperada como centro deportivo municipal.

Temas

'Santander-Mediterráneo', desfiladero, ferrocarril, Horadada, Oña, puentes, roca, ruta, Trespaderne, trincheras, túneles

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