Trumbo
EE UU. 2015. 124 m. (7). Biográfica. Director: Jay Roach. Intérpretes: Bryan Cranston, Diane Lane, Helen Mirren, John Goodman, Elle Fanning. Salas: Cinesa
Se aferra al biopic en la medida en que opta por un trazo lineal en torno a un acontecimiento histórico: la caza de brujas. Enmarcada en ese Hollywood de los años 40 y 50, discurre por la amenazada y ajada biografía creativa del guionista Dalton Trumbo. Y se aparta del género en la medida en que muestra algunas licencias narrativas y rezuma los hechos con una suave capa de humor, casi de sátira, que mantiene las distancias con lo narrado.
Entre la pasión y la superficialidad, entre el talento y la mediocridad, entre la bañera (que el autor de ‘Johnny cogió su fusil’ y escritor de ‘Vacaciones en Roma’) utilizaba en ocasiones para escribir y la piscina como símbolo del estatus social del Hollywood de las estrellas, el filme posee un as en la manga cuando su inmersión en la lista negra se vuelve oscura: la interpretación de un excelente Bryan Cranston, el rostro de la magistral serie ‘Breaking bad’, que aporta cercanía al retrato de los ambientes ideológicos y artísticos. La amargura y el fracaso, la impotencia y el miedo, el descenso a los infiernos y ese microclima de asfixia moral, cotilleo y vulgaridad que atraviesa la atmósfera en torno a ‘Trumbo’, está reflejado en la cinta a la que, sin embargo le falta intensidad y cierto aliento de verdad.
Jay Roach, director de ‘Austin Powers’ y de ‘Los padres de él’, se limita a cierto poso narrativo artesanal, sujeto a la batuta del actor y descuida la profundidad del retrato y la psicología de algunos personajes.Es un filme interesante como ventana de cine dentro del cine pero carece de ese latigazo que alumbre en la oquedad y deslumbre en su incursión en un tiempo negro, de delación y bajeza ética, ya conocido y desgraciadamente muchas veces repetido.
La presencia imponente de otros secundarios, como Helen Mirren y John Goodman, hace crecer la historia para sacar la cabeza del bosque convencional. El retrato de un hombre que mezcló inteligencia, cultura, integridad, ideología y talento y que plantó cara al contubernio de un fascismo revestido de comisaría democrática para repartir licencias vigilantes y sostener un sistema que temblaba frente a la imaginación, bien merecía una historia con mayor inventiva y riesgo. Un genio amordazado, como lo fueron otros, propiciaba un grito desgarrador de reivindicación y de llamada de atención ante un tiempo, el nuestro, en el que crecen muchas otras censuras morales disfrazadas bajo el paraguas global de las nuevas tecnologías. Roach se instala y se conforma con cierta superficialidad y precisamente desaprovecha la carga satírica que solamente enuncia al describir la grisura de la época. Con factura de telefilme, soltura y sentido práctico y confianza en sus actores, el contorno queda trazado pero se echa de menos, tras su ligereza, el verdadero rostro de quienes ejercieron, y lo siguen haciendo, un patriotismo fanático frente a la dignidad, la resistencia y el coraje artístico.