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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Faena de aliño

Toro 

España 2016. 100 m. (16). ‘Thriller’. Director: Kike Maíllo. Intérpretes: Mario Casas, Luis Tosar, José Sacristán, Ingrid García Jonsson, Claudia Vega. Salas: Cinesa y Peñacastillo

Furia, que no tempestad. Arrebato exento de poso. Solo gestos y muchos lugares comunes e impostados. La vida mancha aunque aquí no lo sintamos. ‘Toro’ nace y avanza por carácter pero carece de verdad. Son tantos sus tatuajes aparentes y cansinos que apenas se deja ver más que la silueta trágica de un thriller de hermanos con destino fatalista.

Kike Maíllo que firmó la más que prometedora, sutil y original ‘Eva’, un cuento futurista impregnado de raíces, entra en el albero de género con el paso equivocado y la lección tan aprendida que todo suena a afectado y falso. Incluso el esfuerzo de un buen trío de actores no basta para transmitir intensidad y desazón. Por si fuera poco, el intento y el empeño loable pero fallido de rodear a esta historia de dinero sucio de una patina de retrato sociológico con guiños políticos y trasfondo de la España del ladrillo resulta a veces patético.

No existe en pantalla, más allá de los estereotipos, una mínima ligazón entre el paseíllo de los personajes que parecen huérfanos y el tendido de una España real. Redundante y con más ruido que fuerza el filme avanza fruto del amor propio pero sin que la hostilidad, el peso del pasado, la marca de lo inevitable se muestran desnudos, a pecho descubierto. Todo es muy de manual. Y la sucesión de heridas mal cicatrizadas se antoja un catálogo de pequeñas historias mil veces oídas y afrontadas con reiteración y cansancio.

La arquitectura deconstruida de la Costa del Sol enmarca esta cinta en la que en muchas ocasiones la lucidez visual, la capacidad de Maíllo para dotar de energía determinados escenarios, no se corresponde con los hechos narrados. Sacristán ejerce de amo del calabozo, maestro de ceremonias y guardián de las esencias patrias. Una presencia imponente que en el fondo demandaba otra película, otra plaza, mientras ‘Toro’ se desfoga en un cartel diferente. Si el filme hubiese sido una parábola sin ubicación ni contexto concreto, uno de esos duros thrillers casi gore del cine surcoreano, quizás estaríamos hablando de otra cosa. El toro de Osborne, el turismo, las mafias, la transición, Torremolinos… son referencias que parecen responder al maquillaje de una historia que se pretende atada pero que avanza coja y con pasos manidos. Hay brutalidad y excesos, especialmente en una última media hora que a veces roza la dureza banal y el ejercicio cruel, casi paródico.

Una especie de spaghetti western que sustituye el poblado y la cantina por un hotel que desafía la ley de costas y la ley no escrita del mal gusto.  El supuesto equilibrio entre el desgarro y la ternura, entre la lealtad y la violencia se enuncia, como tantas otras cosas en este filme, pero ni se siente ni se asienta. Un cine de mala sangre para un país de malos hermanos. Una historia fraternal de muchas cornadas sin dueño que no cortará orejas. Sobran las embestidas y falta algo más que impulsos y resoplidos para pasar de lo convencional a lo desgarrador. Un gazpacho con ingredientes de Besson y Nicolas Winding Refn y sabores nostálgicos de un cine negro bien aprendido, pero no del todo asimilado, cuya digestión resulta pesada.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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