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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Tiburón

Cuando Spielberg devoró al cine

Jaws Estados Unidos 1975 124 min.Director: Steven Spielberg. Reparto: Roy Scheider,Robert Shaw,Richard Dreyfuss,Lorraine Gary,Murray Hamilton,Carl Gottlieb Sala: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Desde hoy al domingo. 
El subgénero catastrofista exprimía escombros y situaciones límite. Y el cine buscaba nuevas fórmulas para atraer a los espectadores. Spielberg, antes de convertirse en un megaconstructror de hiperproyectos y reventador de taquillas, dedicaba sus días a intentar levantar rodajes con historias que realmente quería ver como espectador. Tras su diabólico debut dejó las ruedas, se puso el chaleco salvavidas y miró la costa. Psicosis, miedo, histeria colectiva, visualización de los terrores primarios y manipulación se reflejan y condensan en escenas inolvidables fruto de un dominio magistral del tempo, el impacto, el ritmo y la progresión del terror a lo desconocido. En realidad un universo no muy ajeno a lo que de manera fallida ha tratado de explorar Alejandro Amenábar en su ‘Regresión’. La grandeza del filme de Spielberg reside precisamente en su sencillez.

La premisa es clara y rotunda. Una geografía turística, casi de paraíso vacacional, familiar, alterada por lo anormal, lo inesperado y el disturbio como enemigo permanente pero inasible. Talento e ingenio a raudales para crear todo un mecanismo sutil de suspense que devora al incauto y envuelve al exigente en una atmósfera en la que el temible escualo acaba por adquirir las formas más personales del miedo, desde el imaginario particular de cada espectador. El cineasta de ‘ET’ sube y baja la marea emocional del público a su antojo con una facilidad extrema. ‘Tiburón’, que ha cumplido cuarenta años, sigue vivo en su terror físico, cercano, desgarrador en su creíble amenaza. Si una ducha dejó de serlo con el motel de Norman Bates y Hitchcock, bañarse en el mar adquirió desde entonces la textura de una sombra, esa tensión de lo impredecible e ignoto.

La Filmoteca cántabra se suma al aniversario del filme, adaptación de una novela de Peter Benchley, taquillazo histórico, puerta abierta para secuelas infames y pesadilla narrada con una inteligencia e intensidad sin fisuras. El rodaje, como en muchas grandes, y hoy históricas películas, fue caótico –desde los fallos en los tiburones mecánicos a los actores inmersos en alcohol, escepticismo, fiestas y discusiones– pero Spielberg a cada contratiempo le puso un recurso y a cada giro hacia el desastre aportó una solución imaginativa. La principal baza y garantía de la magia seductora e imperecedera del filme radica en que el cineasta, hoy en horas bajas, no mostró el rostro del miedo, las fauces del mal hasta pasada la mitad del metraje. En ese momento el espectador ya huérfano e indefenso se enfrenta a sus miedos privados dentro de una burbuja de tensión colectiva. El animal entonces es casi lo de menos. Spielberg ya no suelta su presa. Lo demás ya se sabe. El filme estrangula la angustia, sacude los tiempos del horror y zarandea el pánico para restregarlo hasta arrancar ese húmedo estremecimiento finalista. Y si no alcanzamos la orilla…
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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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