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Guillermo Balbona

Fuera de campo

San Terremoto

San Andrés
EE UU. 2015. 114 m. (12). Acción.
Director: Brad Peyton. Intérpretes: Dwayne ’The Rock’ Johnson, Alexandra Daddario, Carla Gugino, Paul Giamatti, Hugo Johnstone-Burt, Art Parkinson. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

 

Marchando una de sismología de primaria. Casi obsceno en su exhibicionismo melodramático familiar en este San Terremoto los temblores familiares son más importantes que los telúricos. El ‘sensorround’ no está en las miles de víctimas ni en los escombros, sino en la redención con la unidad de la familia tradicional como sólida edificación indestructible y el castigo a quienes traten de abrir grietas en sus cimientos. La catástrofe en ‘San Andrés’ es ese tono moralizante rubricado por una escena de abrazo y bandera que, esa sí, provoca pánico. Lo demás es conocido, demasiado conocido, por más que se dé por hecho el ‘y tú más’, el perfeccionamiento de la recreación en ese subgénero con pedigrí que es el catastrofismo y la espectacularidad digital del derrumbe y el vértigo, con un arranque verdaderamente intenso.

Pero la simplicidad, el tono primario, cuando no de parvulario, y el esquematismo de situaciones y personajes acaba enterrando toda la sucesión de vibraciones terrenales y el espanto se vuelve domesticado y frío. Si el espectáculo aburre y se atraganta por carecer de entraña, entonces solo triunfa la apariencia, esa piel vistosa que puede cegar pero nunca deslumbrar. En cualquier documental animal de un canal temático hay más hondura psicológica que en este catálogo de estereotipos, de personajes vacuos que deambulan entre sus propias ruinas. Uno busca la catarsis dramática, la sensación finalista, el horror vacui, ese punto final sutil que impregna un miedo ancestral de incomprensión y extrañeza. Pero aquí no es posible. El cromo reluciente que se saca del catálogo protocolario Brad Peyton, cineasta de una de ‘Perros y gatos’ y otra de un segundo viaje al centro de la tierra, es tan rutinario como en ocasiones ridículo. El poder de lo incontrolable y lo inexplicable, base de toda construcción del miedo y de la ansiedad, no se muestra en esta colección de ruinas gráfica y efizcamente repartidas. Setentero en sus formas y en sus guiños, la ecuación es rotunda: a medida que crecen los medios disminuye la capacidad del guión.

Los escritores de la cosa que debieron quedar enterrados en la secuencia de la presa que casi preludia’ San Andrés’ dejaron huérfanos a los efectos especiales y al espectador abandonado, a la espera de que un señor apodado ‘La Roca’ venga a salvarle de tanto pedrusco suelto. La falla, más bien el fallo, recorre como una columna vertebral esta película que busca erigirse en madre de todas las catástrofes y acaba en ejercicio de terapia familiar con sentimientos de culpabilidad superando el nueve en la escala Ritcher, y el temblor patriótico amedrentando enemigos y estremeciendo cualquier zona cero humana. Santa reconstrucción. Siempre nos quedará algún arquitecto clásico que venga a rescatarnos de tanto héroe sin imaginación, y que quiera compartir sus ganas de contarnos el mundo. Acaso hay mejor salvación

Temas

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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