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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Mondar la paz

Mandarinas
2013 83 min.Estonia Director: Zaza Urushadze Reparto: Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Misha Meskhi, Elmo Nüganen, Raivo Trass. Drama bélico. Sala: Los Ángeles. Hasta el domingo.

Conciliación, pacifismo y convivencia se aúnan en un filme de mensaje pero nada panfletario ni complaciente. Con inteligente planificación, modestia y lucidez ‘Mandarinas’ elude la declaración de principios, el tono y el ejercicio de manifiesto. Conmoción y luminosidad humanista bastan para dotar al filme de verdad y alumbrar una zona cero de tregua y esperanza. Lo de menos es que se ambienta en el conflicto georgiano y el clima de guerra civil dentro de los países de la ex Unión Soviética, pues lo realmente trascendental es la atmósfera que persigue la universalidad a través de una sana labor de conmoción.

‘Mandarinas’, con una apuesta clara y segura, siendo consciente de sus limitaciones y dimensiones, avanza en clave humana y lo hace con prudencia, sin grandilocuencia gratuita ni ornamentos superfluos, con potencia comunicativa y una concisión valiosa, ya casi ajena a gran parte del cine del presente. Pero es gracias a los actores,  con Lembit Ulfsak a la cabeza, por lo que el filme de Zaza Urushadze adquiere una textura especial, entre la cercanía y el tempo necesario para ahuyentar los fantasmas de la simplicidad y la ingenuidad. Su grandeza pequeña o su leve pero necesario destello reside en el ajuste que transmite entre sus medios y talento y su contenido moral y objetivos. Que su denuncia y reclamo estén fundamentados en la cordura, la sensatez y la calma revela que este es un relato hecho desde la austeridad y la conciencia de sencillez. ‘Mandarinas’ se decanta por ese territorio que es zona de nadie y de todos, esa trinchera humana que elude el conflicto desde la tregua de lo cotidiano, desde el ritmo de esas pequeñas cosas que unen casi sin querer. No hay bandos o si se presienten asoman en un segundo plano.

Al cineasta le interesa desvelar lo humano como se toca la piel del fruto, para abrirlo y extraer el jugo. Genera y propone una zona de nadie que no supone neutralidad inane ni pacifismo de salón, sino un espacio singular en el que confrontar razones y sensaciones, ritmos y voces, miedos y querencias. El hogar no ya como refugio, sino como esa hoguera universal ante la que contar relatos a salvo de verdades absolutas, banderas, reivindicaciones territoriales y estrategias. Un lugar en el mundo cuya medida tiene como parámetro el tiempo que transcurre en mondar una mandarina mientras se escucha al otro.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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