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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Balada del fatalismo

Pat Garrett  y Billy the Kid
1973 122 min. Estados Unidos Director: Sam Peckinpah. Reparto: James Coburn, Ksris Kristofferson, Jason Robards, L.Q. Jones, Bob Dylan, Richard Jaeckel, Katy Jurado, Slim Pickens. Western. Salas: Bonifaz, Fimoteca, esta semana.

Desmitificación, sensibilidad, relato mítico. Violencia y épica. Sam Peckinpah dio vida al western en un momento en el que agonizaba. Con un estilo muy definido, combinó sentido práctico, destreza, sensibilidad y lirismo. Billy el Niño y el sheriff Pat Garrett cabalgan sobre la memoria cinematográfica de una historia trágica, desgarrada, que no solamente consolidó su estilo y su personalidad visual, sino que aportó un equilibrio extraño entre la violencia estilizada pero implacable de su cine y  una poética primaria y salvaje. Con Bob Dylan al fondo, la fábula se convierte en balada, la metáfora en una melancólica visita al paisaje físico y humano crepuscular. Hay héroes decadentes que tratan de encontrarse, reflexiones sobre lo primigenio, diálogos entre lo auténtico y la impostura.

El cineasta de ‘Quiero la cabeza de Alfredo García’ envuelve su apuesta en excelentes interpretaciones de secundarios, una cuidada fotografía y una banda sonora de Dylan, quien también se reserva un pequeño papel. ‘Pat Garret & Billy The Kid’, que la Filmoteca revisa esta semana, es una obra cruzada por amistades y traiciones, el encanto de lo cercano y el desencanto de una época, entre el individualismo y el patetismo. Pretensiones éticas y estéticas juegan y dialogan en un filme que sufrió muchos cambios y mutilaciones pero que con el tiempo ha ganado en identidad. Con James Coburn y Kris Kristofferson, y numerosos personajes que pululan por la historia, sigue sonando el tema ‘Knockin’ on heaven’s door’ mientras el trayecto permite ahondar en la psicología de los personajes.

En realidad poco importa que se trate de dos pistoleros. Lo suyo es es un continuo puente entre dos tiempos y la conciencia de que ha comenzado una nueva era. En este sentido, el filme muestra de forma magistral un permanente vínculo entre vida y muerte, entre sombras de una época y presagios de otra. Como en buena parte del cine de Peckinpah la melancolía, lo fatalista, el destino, la traición, los interrogantes sobre el sentido de todo viaje, quién sabe si hacia ninguna parte. Lo primordial es que el director de ‘Convoy’ convierte lo convencional en otra cosa, que reinventa la mirada, que resucita el género.

El aliento vital, la lírica de un tiempo que se va atraviesa el paisaje moral de esta historia en la que todo es sombra de ocaso. Lo indómito, las forma de vida ligadas al viejo Oeste van feneciendo. Y esta balada lo cuenta abriendo una oquedad en el género antes de que llegaran otros cuentos no menos crepusculares, tristes, casi enfermizos. Como sucedió con ‘Vidas rebeldes’, desde la otra orilla, los inadaptados componen su propia banda sonora y mueren poco  a poco con la cabeza alta pero con el escepticismo melancólico de quien nunca se resigna.

Temas

Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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