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Guillermo Balbona

Fuera de campo

De dimensiones y vitaminas

Vengadores: La era de Ultrón
EE UU. 2015. 141 m. (7). Fantástica. Director: Joss Whedon. Intérpretes: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Aquí todo es grande, sobredimensionado hiperacelerado. Pónganse en modo recepción y acumulen imágenes. La secuela de los ‘Vengadores’ gana por acumulación, por exceso bien entendido, por ese juego solapado de dimensiones, vitaminas, coreografías estratosféricas, idas y venidas tan apabullante que zarandea al espectador hasta que se sienta domesticado por este rizo y escorzo de superhéroes. Hay anécdotas familiares, filosofía zen y de la otra, acción a borbotones, del epicentro a la periferia, argumentos cruzados, colisiones entre intrigas parciales y totales y mucho exhibicionismo digital, virtual, de viñeta y ordenador, en una especie de gran caos ordenado.

Joss Whedon sabe lo que maneja y se limita a mover fichas. La Viuda Negra, Ojo de Halcón, Iron Man, Hulk, solo falta la Merkel en este intercambio de naipes que vuelan sobre el tapete con soltura e incesante vitalidad para tratar de salvar al mundo, y a otros, aunque sea a costa de destrozarlo todo. Lo importante es mostrar músculo y no pararse a pensar. Durante más de 140 minutos se solapan los protagonismos y se compite en aventuras que alimentan la aventura central.

‘La era de Ultrón’ es una colmena donde la miel se extrae de lo abultado, de exprimir la marca Marvel hasta zumbar el cielo a través de una historia que son muchas, y donde todo exuda desconcierto, espectacularidad y sobrecarga, entre la ingenuidad, lo oscuro y lo pomposo. Que nadie espere sorpresas. El director de ‘Serenity’, con la lección aprendida, no deja resquicios. Abre su cofre, tras agitarlo, y la invasión está garantizada. Un blockbuster de superhéroes que no solo no reniega de su imperio franquicia, sino que se permite gotas de autoría, sofisticados guiños de fugaz reflexión sobre el presente y el futuro, gotas de humor bien encajado y una complejidad superficial pero eficaz a la hora de envolver la agitada vida de estos profesionales de la acción. En realidad la caligrafía, el trazo y la oferta de estos ‘Vengadores’ se mantiene en el friso del cine de hoy: consumo, exceso y mucho ruido. La ecuación hiperbólica solo tiene un objetivo: aturdir. Uno sale noqueado de tanta exhibición y de ese pulular de épica y mamporro, efecto y triple salto inmortal, de pirueta y combinado de géneros. Del plano secuencia digital a la sensación permanente de estar asistiendo, desde la puerta o como integrante del fenómeno fan, a una gran maquinaria imparable en la que héroes y dioses, casi todos distantes, manipulan la retina hasta dejarte ciego.

Entre tan ego revuelto y tanta demostración de fuerza, la digital y la otra, se cuela alguna lengua afilada, algún diálogo con chispa y ese pasajero cuento de la bella y la bestia que asoma entre la sofisticada fortaleza. Una sombra humana en el paraíso de este desfile de atronadora voracidad efectista, de gigantismo y monstruosidad abrumadora. Y por si hubiese alguna duda, el grafismo de los títulos de crédito finales, a modo de declaración de principios, certifica la sobredimensión.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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