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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Ácido e implacable crepúsculo

Maps to the stars
Canadá. 2014. 111 m. (16). Drama. Director: David Cronenberg. Intérpretes: Julianne Moore, Mia Wasikowska, Robert Pattinson, John Cusack, Carrie Fisher.  Salas: Peñacastillo

Humillados y ofendidos.  Y en el centro un enorme dragón que todo lo devora. Entre la parábola y el cuento. Entre la metáfora y el espejo deformado, David Cronenberg, ácido y también morboso, traza un sinuoso, a ratos ingenioso, en otras ocasiones tendencioso, casi desagradable, retrato de un Hollywood a modo de microcosmos de una cartografía de estrellas con más sombras que luces. ‘Map to the stars’ tiene más de dioses apagados  y en decadencia que de crepúsculo, pero al cineasta de ‘Promesa del este’ y ‘El almuerzo desnudo’ le sirve para encender todas las luces rojas de lo pérfido, cruel y obsesivo.

Una mujer sobreprotectora, un hijo antigua estrella de la TVen rehabilitación o una hija que acaba de salir del psiquiátrico…el catálogo de criaturas entre el delirio y el absurdo, entre la afectación y la perturbación, es interminable. Todo ello en un universo de estrellas errantes, en un cielo que se cae a pedazos y entre numerosos agujeros negros. Banalidad y desolación, humo de vanidades y presiones se combinan y agitan sobre unos personajes que juegan una ruleta de glorias y aspiraciones erradas, mientras Cronenberg satiriza al personal, crea un planeta imaginario escatológico y todo suena a trastorno  y a material vampírico donde la secta de la industria se deja morder por la vulgaridad.

Más cerca de ‘Crash’, entre la extrañeza, el esperpento y la adicción, el último Cronenberg es un festival de egos revueltos sobre una sartén de comedia negra que llega al plato con más desconcierto que comicidad, aunque no hay que negarle el mérito al cineasta de ‘La mosca’ de su facilidad para fascinar y crear una burbuja de depravación, repulsión y encrucijadas siniestras. A veces cerca del David Lynch de ‘Mullholand Drive’, el filme se regodea en una serie de personajes repulsivos y retorcidos y la disección desasosegante está asegurada.

Entre adicciones, limusinas, terapeutas de salón, el ‘juego de Hollywood’ que propone Cronenberg es una parada de monstruos con una Julianne Moore inmensa (mucho más intensa que en ‘Siempre Alice’ que le ha proporcionado el Oscar) al frente del desfile. La fama y su precio, la popularidad, el éxito y el miedo al fracaso o a reconocerse en el espejo asoman en esta dura galería de humor negro y pesadilla. Una mirada implacable, sin resquicios ni tregua que provoca una extraña empatía. En su apariencia un retorcido drama familiar con ansias de melodrama furioso. Neuras, taras, juegos de apariencias, reflejos esperpénticos, dentro de un círculo concéntrico, de un bucle interminable de desolación, entre el ridículo, el miedo y el vértigo en el que se zumbullen unos zombies que persisten en su vanidad.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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