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Álvaro Machín

El Paseante

Lo que aprendí este verano

En el verano 37 sigo aprendiendo. Hasta empapo mejor. Tal vez por estar ya en la mitad de esta carretera, tal vez porque de tanto estar solo me perdono más todas mis miserias…

El caso es que últimamente he aprendido que no es bueno empezar las frases por ‘es que lo normal es…’ ni terminarlas con ‘es que eso no es normal’. Que Santander la noche de los fuegos es Giancaldo el día que sacaban el proyector de cine en una barca y que no puedes fiarte de los monos de Sri Lanka. Que no quiero pasar las vacaciones en lugares en los que hay que madrugar si quieres coger sitio para la sombrilla, que Jennifer López suena a Camela la segunda vez que canta en ‘Sube la adrenalina’ y lo que quiere decir Romeo Santos cuando suelta eso de ‘llévame contigo aunque sea de chaperón’...

Este verano he aprendido que algunos somos malos, muy malos, pero acabamos estando cuando los buenos se quitan la careta y se tiran del barco. Que es una verdad como un templo eso de ‘consejos vendo…’ y que no me creo a los solteros (y solteras) talluditos (y talluditas) que culpan a todo el mundo de su soledad. Que a los niños no hay que meterles en las trifulcas entre padres, que hay muchas familias bien de Santander construidas a base de medicina de American Beauty y que en los gabinetes de prensa de algunos pueblos de Cantabria te envían el programa de fiestas junto a una foto del alcalde.

He aprendido que hay naves que laten gracias a personas que hacen que una mañana de domingo quede en la memoria para siempre, que no me da pudor reconocer que me encanta ‘el potrillo’ y que me vengo arriba -con un punto cachondo- con lo de ‘con tu física y tu química y también tu anatomía, la cerveza y el tequila…’. Sí, que a veces yo tampoco puedo más y que tengo pendiente una noche loca. Que quiero seguir emocionándome con canciones y llorando con películas. Que el poder tiene miedo en este país. Que hay circos que sí son quimeras, que el agua del Cantábrico es un reconstituyente maravilloso y que nunca es tarde para superar miedos y escalar montañas (Sigiriya es mi montaña para siempre).

He descubierto que tengo muy alto el GGT, que tengo que comer más fruta y que ese descubrimiento de salir a correr me viene de maravilla. Que en Capri tienen helado de Tiramisú, que mi amigo Kiano sabe lo que se hace en ese restaurante (Cadelo) que ha montado en el Río y que en Totero hay un lugar donde se come de escándalo. Que mi hermano es un artista (y no solo por los pinchos de El Diluvio), que me encanta el regalo de subir al escenario con The Gordini y que subestimé a mi amiga Eugenia, capaz de diseñar noches perfectas con todos sus detalles (debe venirle de su madre, que ha sido mi confesora cuando más me ha hecho falta). Hablando de amigas, que María tiene un par y que escribe de escándalo, que Marta me odiaba aunque ella siempre me cayó bien y que otra Marta sigue teniendo la cara de sol.

Acabo, que mientras escribo igual me estoy perdiendo algo. Me queda en el repaso decir que he aprendido que todos los programas de fiestas ‘son variados’ en las frases de los periódicos, que Santander es ese maravilloso rincón con su toque rancio, que primero es la romería y luego la verbena, que la afición del Racing es la mejor de mi mundo y que me he propuesto pensar menos y fluir más. Sí, eso de ‘be water’.

Y aún queda verano, aunque aprendí -esto ya hace tiempo- que a estas alturas ya se pasa volando…

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Sobre el autor

Santander (19 de noviembre de 1976). Licenciado en Periodismo. Ha compaginado durante años su labor en la prensa con trabajos en radio y televisión. Autor del blog 'El paseante'.

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