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Álvaro Machín

El Paseante

Paraguas

Soy algo maniático. Sí, ¿qué pasa? De los que no puede quedarse sentado viendo la televisión si los muñecos que viven en la estantería no miran donde yo les dije. De los que se retuerce al pensar que tiran del cable al desenchufar o se piensa dos veces volver a una casa en la que dejan levantada la tapa del váter. A estas alturas, ya no tiene remedio, así que me preocupa poco.

No puedo con esto

Una solución para maniáticos

Pero hay una manía superior. Casi obsesiva y, gracias a al twitter, sé que compartida por decenas (tal vez miles) de personas en el mundo entero. Los paraguas son la manzana de un jardín del edén mojado. Un invento de las fuerzas del mal para trasladarnos a todos al lado oscuro. Porque hay pocos egoísmos tan evidentes, tan dolorosos, como el del que lleva un paraguas. Y en Santander es un clásico.

Esto requiere descripción de situaciones:

1.- La cornisa

La lógica es aplastante. Si tú llevas paraguas y yo no lo llevo, deberías dejarme a mí la cornisa. Es obvio, un ejercicio de civismo sin discusión. Pero bajo este artilugio la conducta humana se individualiza, se aísla, se separa de la racionalidad y la lógica. No se ve. No se mira. El camino es un todo recto sin solidaridad en el horizonte. Un ‘paso yo’ y tú haz lo que puedas.

2.- El ojo

Y lo peor, y ahí reside la obsesión, es el miedo. A que esa varilla puntiaguda y metálica, casi afilada, haga estragos en el globo ocular. Que se clave en el iris o, peor, que extraiga todo lo extraíble haciendo un efecto palanca. Me da escalofríos escribirlo.

El miedo...

3.-La medida

Porque el problema está en la altura. Si eres bajo y llevas paraguas, levanta, por favor. Levanta. Para no golpearme en el hombro cada vez que pasas, para no despeinarme, para no mojarme la chaqueta… Para que no camine pensando que perderé un ojo…

4.-El posado

Es tan curioso este artilugio que desprende peligro hasta cuando está cerrado. Primero, porque ejerce un efecto hipnótico similar al del anillo de Frodo Bolsón. Se hace invisible y uno lo olvida. Pero, otras veces, puñetero él, se ocupa de recordar que está allí presente dejando un charco en el suelo, junto a la mesa del bar, o en la silla de al lado. Muy agradable, claro… Paragüero. Repito: Paragüero.

5.-La cubierta

En este Santander tan de paraguas nos quedan, además, estampas inolvidables. Bajo la parada del autobús todos buscan refugio. Pero ella (y que no se me enfaden las jubiladas, pero está incrustado en el perfil de esta escena), ancianita de rostro dulce y abrigo voluminoso, llega, ocupa y moja. Porque se coloca bajo la marquesina mientras espera al 7C2 en San Fernando, pero no cierra su paraguas, colocado a la altura del ojo del español medio. Ella no se moja. Tiene doble protección. Pero consigue calar a los que tiene al lado. Y, lo peor, es que se ofende si alguien le recomienda que lo cierre, que no se preocupe, que ni una gota bailará entre sus cabellos tintados…

Todos, por favor

Podría hablar de supersticiones, de la maldita moda de esos paraguas de tamaño familiar o de esa niña adorable que le pone orejas a un artilugio de tela plasticosa y transparente… De ventoleras, de cierres que siempre parece que van a arrancarte la piel, de los que se llevan en el bolsillo y se abren con un toque tan peligroso como el del tapón de la botella de champagne… Hasta de frases como ‘no te olvides el…’ al salir de casa o esa de ‘ya te tapo yo’. Hay tanto

Pero prefiero dejarlo aquí. Queda, si gustan, leer algunas de las respuestas que me dejaron mis amigos de Twitter cuando dejé el siguiente mensaje:

Joder, si llevas paraguas, dejame la cornisa. Joderrrrrrr

Fueron éstas:

Con todo lo que llueve en Cantabria y que la gente siga sin saber usar un paraguas y una cornisa, tiene delito

Un clásico en esta nuestra ciudad. Hoy llevaba prisa y sólo he pegado dos gritos, eso sí, hipohuracanados.

DIOS CUANTA RAZON!!!!!!

Ésto y cómo circular en las rotondas debieran ser asignaturas obligatorias en las escuelas e institutos 😉

Un clásico

Ya te dije hace tiempo, no te apartes. Que se aparte el que lleva el paraguas. Yo lo tengo clarisimo

Eso es una batalla perdida

Doble protección contra la lluvia cornisa mas paraguas, siempre quedara la capucha..

Jaja cada vez que llueve te pasa lo mismo…te lo hacen queriendo ya para que te enfades jajaja

Ya conoces el refran… Ande yo caliente, riase la gente (cada vez veo que mas gente lo toma como estilo de vida, una pena!)

Hace agnos esto no pasaba…se notaba que alguien del norte por lo bien,que llevaba un paraguas

La historia de siempre!!!con un cabreo bueno pa casa cuando sales sin paraguas. No tienen remedio Álvaro…

 

Gracias a todos y, si os ha gustado, es aconsejable pinchar aquí

 

Temas

cornisa, lluvia, machín, mojarse, obsesiones, ojo, Paraguas, paseante, santander

Artículos de opinión sobre la vida cotidiana

Sobre el autor

Santander (19 de noviembre de 1976). Licenciado en Periodismo. Ha compaginado durante años su labor en la prensa con trabajos en radio y televisión. Autor del blog 'El paseante'.

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